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Este blog tiene como propósito compartir con mis alumnos y amigos ideas y artículos relacionadas con el mundo de la Religión, la Filosofía y la Educación.

jueves, 8 de enero de 2015

Principios básicos en el estudio de las profecías bíblicas




Principios básicos en el estudio
de las profecías bíblicas[1]

1
Jesucristo:
Personaje y eje central de las profecías bíblicas.
“Jesús es el centro viviente de todas las cosas”.[2] En el estudio de las Sagradas Escrituras, en general, y de las profecías, en particular, es preciso considerar que toda verdad, toda enseñanza, todo sabio consejo proveniente de la Palabra de Dios, incluyendo todas las profecías mesiánicas, giran en torno a la persona y a la obra pasada, presente y futura de Jesús, el Cristo, nuestro Salvador. Desde el Génesis, que nos muestra a Cristo como el gran Dios Creador, pues “por medio de él todas las cosas fueron creadas” (Juan 1: 3, NVI)[3], y la simiente que vendría a pisotear a la serpiente en su cabeza (Génesis 3: 16; Gálatas 3: 16; 4: 4), hasta el Apocalipsis, en donde Cristo es el “Cordero… Señor de señores y Rey de reyes”, “la Palabra de Dios” que viene a destruir a sus enemigos con la espada que sale de su boca (Apocalipsis 17: 14; 19: 11-21, DHH); desde la creación hasta la restauración, toda la Biblia nos da testimonio de nuestro Señor.
“Estudien las Escrituras” –exhortó el Salvador-, pues “son ellas las que dan testimonio en mi favor”. Y agregó: “Si le creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque de mí escribió él” (Juan 5: 39, 46, NVI). De igual manera, según lo que el evangelista Lucas dejó registrado, Jesús aseguró a sus discípulos que desde los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros históricos y de los profetas, todos los pasajes de las Escrituras hablaban de él y “que había de cumplirse todo lo que está escrito de mí –dijo el Salvador- en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos” (Lucas 24: 27, 44, TLA).
Este mismo principio estaba presente de manera significativa en las enseñanzas del apóstol Pablo. El anciano portavoz de la fe cristiana estaba convencido de que Jesús era el Cristo, el tan ansiado Mesías anunciado una y otra vez por todos los profetas. Cierto día, reunido con los dirigentes judíos en su casa-prisión en Roma, “desde la mañana hasta la tarde, Pablo les habló del reino de Dios. Trataba de convencerlos acerca de Jesús, por medio de la ley de Moisés y los escritos de los profetas” (Hechos 28: 23, DHH). De esta manera, Pablo hizo de Jesús el personaje central y el eje focal de su predicación. A los conversos de Corinto les escribió: “Decidí hablarles sólo de Cristo, y principalmente de su muerte en la cruz” (1 Corintios 2: 2, TLA).
En otras palabras, sin excepción, de tapa a tapa, la Biblia nos habla de Cristo y es un fiel testimonio de su obra a favor de los hombres. Jesús es el principio, centro y fin de las Sagradas Escrituras, de sus profundas enseñanzas y de sus más dramáticas profecías. Juan, en Patmos, describió su libro como “la revelación de Jesucristo, que Dios le dio” (Apocalipsis 1: 1, RVR60) y Pablo, poseedor también del don de profecía, escribió a los creyentes de Galacia refiriéndose a la revelación de Jesucristo que él había recibido (cf. Gálatas 1:12).
El consejo del espíritu profético nos advierte a no separar a Cristo de las Escrituras, sino más bien estudiarlas desde una perspectiva cristocéntrica. Elena G. de White declaró:
“Sí, la Biblia entera nos habla de Cristo… Si deseas conocer al Salvador, estudia las Santas Escrituras”.[4]
“El sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en derredor de la cual se agrupan todas las otras verdades. A fin de ser comprendida y apreciada debidamente, cada verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis al         Apocalipsis, debe ser estudiada a la luz que fluye de la Cruz del Calvario”.[5]
Así también ha sido la comprensión de la Iglesia Adventista mundial. Al respecto, en la Declaración Las Santas Escrituras del año 1995, se afirma:
“Por sobre todo, las Escrituras dan testimonio de Jesucristo, quien es la revelación última, Dios entre nosotros. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento dan testimonio de él”.[6]
En cuanto a la centralidad de Cristo en el mensaje profético, el ángel le afirmó a Juan que el espíritu de la profecía era “el testimonio de Jesús” (Apocalipsis 19: 10).
Al respecto, los especialistas en interpretación bíblica nos recuerdan:
“Los autores del Nuevo Testamento creían que todas las Escrituras eran sobre el Cristo […] Para las audiencias originales, Mateo y el autor de Hebreos desarrollaron la estereoscópica profundidad cristológica de la historia del Antiguo Testamento”.[7]
“El aspecto más importante de las Escrituras proféticas tiene que ver con el Mesías que prometían, el mensaje de salvación que conocemos, y el reino de Dios del cual hablaban […]
“Claramente el valor principal de la palabra profética escrita tiene que ver con su testimonio acerca del Salvador”.[8]
El interés de los profetas “está siempre centrado en el reino de Dios o en la obra redentora de Cristo”.[9]
Adicionalmente, entre los consejos que se entregan para el estudio e interpretación de las profecías bíblicas, algunos exégetas recomiendan:
“Busque una referencia a Jesucristo”.[10]
En el contexto profético de la escatología adventista se nos advierte continuamente que un aspecto vital de las referencias al Antiguo Testamento por parte de los escritores neotestamentarios en general y del Apocalipsis en particular es que revelan a Cristo, quién es él, que hace y está haciendo por su pueblo y que está dispuesto a hacer por nosotros en el tiempo del fin. Necesariamente, comenta un prominente teólogo adventista, “cualquier énfasis en los acontecimientos finales debe poner a Jesús en un lugar protagónico, que es exactamente lo que hace Apocalipsis”.[11]
Por su parte, considerando el estudio de las profecías bíblicas, Elena G. de White nos recuerda que no podemos estudiar los mensajes proféticos destituidos de la persona de nuestro Salvador. Ella afirma:
“El último libro del Nuevo Testamento se halla lleno de una verdad que necesitamos entender […] Permitid que hable Daniel, haced que se exprese el      Apocalipsis, y digan qué es verdad. Pero cualquiera sea el aspecto del tema que se presente, levantad a Jesús como el centro de toda esperanza”.[12]
Y respecto al mensaje específico para este tiempo, el espíritu de profecía nos amonesta:
“El gran centro de atracción, Jesucristo, no debe ser dejado fuera del mensaje del tercer ángel”.[13]

2
El Gran Conflicto entre el bien y el mal:
Tema central de las profecías bíblicas.
El estudioso serio de la Biblia debe escudriñarla cuidadosamente teniendo en mente la perspectiva del Gran Conflicto entre el bien y el mal. Todas las enseñanzas y las profecías presentes en la Palabra de Dios, desde Génesis al Apocalipsis, desde la creación y la caída hasta la redención, incluyendo la vida de los patriarcas y jueces, reyes y profetas, discípulos y apóstoles, están enmarcadas en la controversia entre Cristo y Satanás.
En el Documento Métodos de estudio de la Biblia, del año 1986, se establece claramente:
“Dos temas básicos, relacionados entre sí, corren a través de toda la Escritura: (1) la persona y la obra de Jesucristo; y (2) la perspectiva del gran conflicto”.[14]
Y en la Declaración Resolución sobre la Santa Biblia, del año 2010, se afirma:
“La Biblia nos comunica un mensaje de salvación en el contexto de un conflicto cósmico que revela el carácter amable, misericordioso y justo de Dios”.[15]
En la teología adventista y en todos los lineamientos dados por la erudición basada en las Escrituras es claro que la controversia que se inició en el cielo posterior a la rebelión de Lucifer y que luego se extendió a la Tierra cuando Adán y Eva sucumbieron ante los sofismas satánicos, permean cada página del Sagrado Libro y en especial los oráculos de la profecía bíblica.
Algunos eruditos bíblicos han aseverado al respecto:
“Este conflicto cósmico constituye el trasfondo de toda la Biblia; el contenido inmutable en el cual se disciernen de forma correcta las narraciones bíblicas, las profecías y las doctrinas. Dado que la historia del conflicto está presente en toda la Biblia, resulta importante que leamos y entendamos la Biblia”.[16]
“El gran conflicto entre Cristo y Satanás es un tema mayor del Apocalipsis y también       existe un aparente e impresionante dualismo ético […] El dualismo ético se refiere al contraste claro y esencial entre el bien y el mal, sin importar en qué formas se manifiesta o se caracteriza”.[17]
En los libros proféticos de Daniel y Apocalipsis, se hace mucho más evidente la existencia de este conflicto. Dice el profeta Juan:
“Se desató entonces una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron al dragón; éste y sus ángeles, a su vez, les hicieron frente, pero no pudieron vencer, y     ya no hubo lugar para ellos en el cielo. Así fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña al mundo entero.    Junto con sus ángeles, fue arrojado a la tierra” (Apocalipsis 12: 7-9, NVI).
Y el profeta Daniel agrega:
“El ángel príncipe del reino de Persia se me ha opuesto durante veintiún días;       pero Miguel, uno de los ángeles príncipes más altos, vino en mi ayuda, pues yo me          había quedado solo junto a los reyes de Persia” (Daniel 10: 13, DHH).
Desde antes de la creación de este mundo, Miguel, el arcángel, es decir Cristo, y su archienemigo Satanás, están confrontados en una guerra sin cuartel en la cual ninguno de nosotros es neutral, una guerra entre el bien y el mal, entre la verdad y el error; una guerra sin tregua que irá aumentando en intensidad a medida que se acerca el fin de la historia de este mundo, una guerra que pronto llegará a su anhelado final. En esta guerra, Satanás está airado en contra de la iglesia de Dios, sabe que le queda poco tiempo y sus artimañas será cada vez más perniciosas. Pero habrá un pueblo fiel que con el poder de Cristo saldrá victorioso.
Sobre el origen, desarrollo y alcance de esta rebelión, dicen los profetas:
“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!... Tú que decías en tu       corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14: 12-14, RVR60).
“Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad… Fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector” (Ezequiel 28: 14-16, RVR60).
“Tan grande llegó a ser que desafió al ejército del cielo, y hasta echó por tierra y pisoteó a parte de ese ejército y de las estrellas. Incluso desafió al príncipe de los ejércitos” (Daniel 8: 10, 11, RVC).
“El diablo ha sido arrojado del cielo, pues día y noche, delante de nuestro Dios, acusaba a los nuestros… El diablo está muy enojado; ha bajado para combatirlos. ¡Bien sabe el diablo que le queda poco tiempo!... Entonces el dragón se enojó mucho contra la mujer, y fue a pelear contra el resto de sus descendientes, es    decir, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y siguen confiando en el mensaje de Jesús” (Apocalipsis 12: 10, 12, 17, TLA).
“El Cordero vencerá, porque es el Señor más grande y el Rey más poderoso. Con él estarán sus seguidores. Dios los ha llamado y elegido porque siempre lo obedecen” (Apocalipsis 17:14, TLA).
El espíritu de profecía aclara:
“Hay enemistad entre Cristo y sus seguidores y Satanás y sus súbditos. El gran       conflicto entre el Príncipe de la vida y el príncipe de las tinieblas se ha venido   desarrollando y se ha fortalecido en cada nueva generación. Realmente ardua es la lucha entre el bien y el mal, entre la verdad y el error, entre el reino de la luz y el reino de la oscuridad”.[18]
Cuando Cristo y Satanás se confrontaron por primera vez en el cielo, el Hijo de Dios era el príncipe de los ejércitos celestiales y Satanás el caudillo de la rebelión cósmica. Cuando fue expulsado del cielo, prosiguió con su rebelión aquí en la tierra.
En el desierto de la tentación:
“Satanás vio que debía vencer o ser vencido. Los asuntos del conflicto         involucraban demasiado para ser confiado a sus ángeles confederados. Debía     dirigir personalmente la guerra. Todas las energías de la apostasía se unieron contra el Hijo de Dios…
“Muchos consideran este conflicto entre Cristo y Satanás como si no tuviese una importancia especial para su propia vida; y para ellos tiene poco interés. Pero esta controversia se repite en el dominio de todo corazón humano”.[19]

3
Preparar a un pueblo para el encuentro con su Dios:
Propósito moral de las profecías bíblicas.
La profecía bíblica no nos fue dada para satisfacer la curiosidad del hombre acerca del futuro, ni para aportarnos mera información respecto de los días en que vivimos y los que vendrán. La profecía tiene un propósito moral. La profecía fue dada para preparar a un pueblo para el encuentro con su Dios.
En el libro de las revelaciones de Juan, el Señor nos llama a estar atentos, leer con cuidado y guardar lo que se halla escrito en su mensaje profético porque “el tiempo de su cumplimiento está cerca” (Apocalipsis 1: 3, NVI). Es la premura de los acontecimientos predichos lo que debería instarnos a estar continuamente preparados.
Ya los profetas en el Antiguo Testamento invitaban al pueblo a estar preparados. Amós escribió:
“Por eso, Israel, actuaré contra ti; y como voy a hacerlo, ¡prepárate, Israel, para encontrarte con tu Dios!” (Amos 4: 12, NVI).
De igual manera, el apóstol Pablo a la vez que presentaba un panorama acerca de la moralidad de los hombres y mujeres en los postreros días, nos amonestaba urgiéndonos a evitar nuestro trato con este tipo de personas y a vivir una vida piadosa basada en las enseñanzas de las Sagradas Escrituras (2 Timoteo 3: 1-5, 14-17).
También el apóstol Pedro, al hacer mención del tiempo del fin en que esta tierra será consumida por el fuego y renovada en un mundo en donde morará la justicia, amonestó a su iglesia y nos amonesta a nosotros a estar apercibidos. Él nos dice:
Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración” (1 Pedro 4: 7, RVR60).
Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? […] Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él” (2 Pedro 3: 11-14, NVI).
De la misma manera, Jesús en sus distintos discursos sobre los acontecimientos del tiempo del fin, hace constantemente un llamado a sus seguidores a estar preparados. El Gran Maestro afirmó:
Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy” (Juan 13: 19), NVI).
“Y les he dicho esto ahora, antes de que suceda, para que cuando sucedan, crean” (Juan 14: 29, NVI).
“Y les digo esto para que cuando llegue ese día se acuerden de que ya se lo había advertido” (Juan 16: 4, NVI).
“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza,        porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21: 28, RVR60).
“Velad, pues, en todo tiempo orando para que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21: 36, RVR60).
“La profecía predictiva no se dio simplemente para satisfacer la curiosidad sobre acontecimientos futuros, sino con fines morales, como el establecimiento de la fe en Dios (Isaías 45: 21; 46: 9-11; cf. Juan 14: 29) y como motivación para una vida santa (Génesis 17: 7-8; Éxodo 19: 4-6)”.[20]
El Tratado de Teología Adventista nos afirma que la profecía nos fue dada “con propósitos morales, como ser el fortalecimiento de la fe (Juan 14: 29) y el          fomento de la santidad personal en la preparación para la venida de Cristo (Mateo 24:          44; Apocalipsis 22: 7, 10, 11)”.[21]
De manera específica, respecto al mensaje profético predicado por Jesús, el espíritu de profecía declara:
“Jesús no vino para asombrar a los hombres con grandes anuncios de algún tiempo especial cuando ocurriría algún acontecimiento, sino que vino para instruir y salvar a los perdidos. No vino para despertar curiosidad y complacerla, pues sabía que eso solo aumentaría el apetito por lo curioso y lo maravilloso. Su propósito era impartir conocimiento por el cual los hombres pudieran aumentar su vigor espiritual y avanzar en el camino de la obediencia y la verdadera santidad”.[22]
Finalmente, al respecto de las profecías del libro de Apocalipsis, Elena G. de White afirma:
“Cuando como pueblo comprendamos lo que significa este libro para nosotros, se verá entre nosotros un gran reavivamiento […] Cuando los libros de Daniel y el Apocalipsis sean mejor entendidos, los creyentes tendrán una experiencia religiosa completamente diferente […] Si nuestra hermandad estuviera despierta aunque fuera a medias, si se diera cuenta de la cercanía de los sucesos descriptos en el Apocalipsis, se realizaría una reforma en nuestras iglesias y muchos más creerían el mensaje”.[23]
Preparar a un pueblo para su gran encuentro con su Redentor es el gran propósito de que tengamos a disposición todas las profecías respecto del tiempo del fin. Dios desea encontrarse con un pueblo fiel y temeroso de sus mandamientos.


[1] Víctor A. Jofré Araya, Mg. © Ed. Religiosa (2016). Actualmente se desempeña como Director del Colegio Adventista de Calama, Chile. Se le puede escribir a victorja@gmail.com
[2] Elena G. de White, El Evangelismo (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2007), p. 140.
[3] En el presente ensayo se utilizaron las siguientes versiones de la Biblia en español: Reina-Valera Revisión 1960 (RVR60), Reina Valera Contemporánea (RVC), Dios Habla Hoy (DHH), Nueva Versión Internacional (NVI) y Traducción en Lenguaje Actual (TLA).
[4] Elena G. de White, El Camino a Cristo (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2007), p. 46.
[5] Elena G. de White, Obreros Evangélicos (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 1995), p. 330.
[6] Departamento de Comunicación de DSA, Declaraciones, orientaciones y otros documentos: Compilación 2010, 3ra. Ed. (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2011)p. 67. La Declaración Las Santas Escrituras fue aprobada y votada por la Junta Administrativa de la Asociación General (AD-COM), y publicada por la oficina del presidente Robert S. Folkenberg, en el Congreso de la Asociación General celebrado en Utrecht, Holanda, entre el 29 de junio y el 8 de julio de 1995.
[7] Robert L. Plummer, Preguntas y respuestas sobre cómo interpretar la Biblia (Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan, 2013), pp. 194, 196.
[8] Tomás de la Fuente, Claves de interpretación bíblica, 31ª Ed. (Editorial Mundo Hispano, El Paso, Texas, 2015), p. 147; cf. p. 154.
[9] Louis Berkhof, Principios de interpretación bíblica (Libros Desafío, Grand Rapids, Michigan, 2005), p. 137.
[10] Martin Lee Roy, Hermenéutica bíblica (Senda de la Vida Publishers, Miami, Florida, 2011), p. 196.
[11] Norman R. Gulley, Preparación para el tiempo del fin. (Guía de Estudio de la Biblia, edición para adultos, abril-junio 2018, Asociación Casa Publicadora Sudamericana, Santiago, 2018), p. 19.
[12] Elena G. de White, Testimonios para los ministros (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2013), pp. 132, 134.
[13] Elena G. de White, Mensajes Selectos (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2015), t. 1, p. 461.
[14] Declaraciones, p. 227. Métodos de estudio de la Biblia es un documento presentado por la Comisión de Métodos para el Estudio de la Biblia y aprobado por la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Concilio Anual celebrado en Río de Janeiro, Brasil, el 12 de octubre de 1986. Puede ser leído en español también en: Samuel Koranteng-Pipim, Recibiendo la Palabra. ¿Cómo afectan a nuestra fe los nuevos enfoques bíblicos? (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 1997), pp. 401-409; George W. Reid (ed.), Entender las Sagradas Escrituras (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2010), pp. 403-413.
[15] Declaraciones, p. 231. La Declaración Resolución sobre la Santa Biblia fue aprobada y votada en el Congreso de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo día realizada en Atlanta, Georgia, EE.UU., del 24 de junio al 3 de julio de 2010.
[16] Norman R. Gulley, Preparados para el tiempo del fin (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2018), p. 19.
[17] Edwin Reynolds, Diez claves para interpretar el libro de Apocalipsis, pp.105, 106, 112.
[18] Elena G. de White, El Cristo Triunfante, p. 95.
[19] Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2012), p. 91.
[20] George W. Reid, Entender las Sagradas Escrituras (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2010), p. 222.
[21] Tratado de Teología Adventista, p. 96.
[22] Elena G. de White, Mensajes Selectos (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2015), t. 1, p. 229.
[23] Elena G. de White, Testimonios para los ministros (Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2013), pp. 129, 130, 133, 134.

sábado, 3 de enero de 2015

Principios de liderazgo y trabajo en equipo

Nehemías: Principios de liderazgo y trabajo en equipo[1]

Nunca cansa, desanima o desgasta lo que se hace con alegría (Víctor Jofré Araya).




          Para quienes hemos tenido el privilegio de servir en la iglesia como líderes en sus distintos ministerios, seguir un modelo de liderazgo ha sido esencial para el progreso de cualquier empresa iniciada. De manera personal, han ejercido su impacto en mi experiencia un sinnúmero de personas, hombres y mujeres; algunos de ellos líderes seculares, otros líderes cristianos de distintas tendencias. Sin olvidar, por supuesto, creyentes que de manera silenciosa han contribuido a mi formación. Entre ellos, recuerdo a mis ancianos y pastores que, desde mi juventud, han dejado su impronta en mi manera de dirigir los intereses de la iglesia.
Entre los líderes seculares, puedo mencionar a Martin Luther King quien con su famosa frase “I have a dream” (“Tengo un sueño”), nos inspira a mirar el futuro con las más altas expectativas. Otro es James C. Hunter quien me enseñó acerca de la paradoja en el liderazgo: el líder-siervo, la verdadera esencia del liderazgo. Entre los líderes cristianos, rescato a John C. Maxwell y Charles R. Swindoll, de quienes aprendí el principio del liderazgo como influencia, idea que golpeó fuertemente las convicciones sobre el liderazgo que hasta ese entonces abrigaba. También quisiera hacer mención de Rick Warren, que impregnó en mí los conceptos de vida, iglesia y liderazgo con propósito. Entre los líderes de la Biblia de los cuales he extraído principios valiosos caben destacar a Moisés, Pablo y, el más importante de todos, nuestro Señor Jesús, quienes con su ejemplo de tesón y entrega a la comisión dada por Dios, continúan inspirando mis acciones y la de multitudes de creyentes, líderes en todos los rincones del mundo.
Sin embargo, en este ensayo me abocaré a mostrar los principios del liderazgo y del trabajo en equipo, que extraemos de la experiencia de un judío desterrado, que inició su trabajo como esclavo copero de un rey, pero que se convirtió en un líder de influencia, en uno de los grandes dirigentes de toda la historia bíblica. Me refiero al re-constructor y, posteriormente, gobernador de Jerusalén y de toda la provincia de Judea: Nehemías.
Características de un líder competente
Basándose en el registro del libro de Nehemías[2], Charles R. Swindoll[3] y Rick Warren[4] mencionan que en la vida un líder, como lo fue Nehemías, se verifican algunas características esenciales, factores muy significativos presentes en los líderes espirituales competentes. Entre éstos se encuentran:
Los líderes espirituales competentes, tal y cual como lo aprendemos de Nehemías, tienen un claro reconocimiento de las necesidades. Nehemías escribió: “Inspeccioné las ruinas de las murallas de Jerusalén, y sus puertas consumidas por el fuego” (Nehemías 2: 13, NCI). Percibir las necesidades es un verdadero arte. Los líderes son sensibles ante las necesidades de quienes les rodean. No resulta fácil percatarse de las necesidades presentes en medio de un grupo humano, pero percibirlas es esencial. La diagnosis de la realidad presente y latente nos permitirá desarrollar los planes adecuados para alcanzar los fines y objetivos propuestos. Un líder espiritual equilibra su percepción de los problemas, es decir, no los niega ni rehúye, pero tampoco los sobredimensiona o se orienta sólo a ellos de tal manera que sólo piense en ellos. Este tipo de líder reconoce los problemas y procura darle una sabia solución.
Los líderes espirituales competentes no sólo reconocen la presencia del problema, sino que se preocupan personalmente por los problemas. Esta cualidad se hizo patente en el liderazgo de Nehemías. A Nehemías le importaba lo mismo que era importante para Dios. Los muros caídos importaban a Dios y al pueblo en Jerusalén y cuando Nehemías se enteró de lo ocurrido en sus tierras se identificó con el problema y quiso ir en persona a dar una pronta solución a las necesidades de su pueblo. “Con el más hondo interés, su corazón se volvía hacia Jerusalén, y sus esperanzas y goces se vinculaban con la prosperidad de esa ciudad”.[5] Los problemas en Jerusalén estaban a miles de kilómetros de su cómodo lugar de habitación, pero aquello que parecía una distancia casi infranqueable se transformó en la principal motivación para desear ir en ayuda de sus consanguíneos. Buscó la ayuda humana y divina; también oró, ayunó y lloró por la triste realidad de Jerusalén; pero en cuanto pudo, con el permiso del rey, él mismo se hizo parte de la solución.
El líder cristiano genuino se caracteriza por su fidelidad en medio de la tarea, es decir, se involucra en la tarea asignada. El liderazgo competente no rehúye la responsabilidad ni la delega de manera irresponsable. El liderato verdadero se incluye personalmente en la satisfacción de las necesidades. Nehemías escribió:
Vine luego a los gobernadores del otro lado del río […] Llegué, pues a Jerusalén […] Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumida por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio” (Nehemías 2: 9, 11, 17, RVR60; énfasis añadido).
Finalmente (siendo realistas, debería ser la primera tarea del líder), los líderes espirituales competentes primero acuden a Dios con el problema. Nehemías escribió: “Oré delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1: 4, RVR60; cf. 2: 4). Nada quedará resuelto si no acudimos a Dios en primer lugar en procura de ayuda. La vida de Nehemías, y particularmente la manera que enfrentó la problemática presente en Jerusalén, ilustran cuán importante es la oración en la vida de un líder. La oración es absolutamente esencial en el liderazgo cristiano.
Las primeras palabras de Nehemías fueron: “Señor, Dios de los cielos, tú eres fuerte, grande y temible. Cumples tu pacto y eres misericordioso con los que te aman y guardan tus mandamientos. Yo te ruego” (1: 5, RVC) y esperó con paciencia el cumplimiento de sus promesas: “Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo” (1: 8, RVR60). Su oración era de confianza y su confianza se basaba en las Escrituras. Su fe era por el oír la Palabra de Dios. La Palabra del Dios viviente y sus incontables promesas nos dan la seguridad de respuesta divina a nuestras más profundas necesidades.
“En momentos de dificultad o peligro repentino, el corazón puede clamar por ayuda a quien se ha comprometido a acudir en auxilio de sus fieles creyentes cuandoquiera que lo invoquen. En toda circunstancia y condición, el alma cargada de pesar y cuidados, o fieramente asaltada por la tentación, puede hallar seguridad, apoyo y socorro en el amor y el poder inagotable de un Dios que guarda su pacto”.[6]
El líder cristiano y el trabajo en equipo
De Nehemías aprendemos algo más sobre el liderazgo: el trabajo en equipo. Ninguna tarea, por más que nos afanemos, será menos tediosa si no trabajamos en equipo. Hacer las cosas nosotros solos o emprender nuevos proyectos sin procurar la participación de otros resultará más difícil, pero si contamos con los demás y organizamos a ese grupo humano de manera inteligente, no importa la meta que nos propongamos, será posible realizarla con menores contratiempos.
Los principios del trabajo en equipo, se nos ilustran principalmente en el capítulo 3 de Nehemías. En su sabiduría, Dios le permitió a Nehemías escoger su equipo de trabajo y distribuir las responsabilidades para las diversas partes del proyecto de reconstrucción a cada uno según sus dones. Unos y otros se ocupaban de la reconstrucción de distintas partes del muro; unos trabajaban en la parte norte, otros hacia el sur, otros en el este y oeste; unos se preocupaban de las puertas, otros de las torres, otros de las ventanas; unos reparaban porciones extensas, otros un poco más cortas; unos trabajaban en el muro cerca de sus casas, otros en la porción del muro más lejana; unos lideraban el trabajo, otros eran obreros fieles y motivados. Fuere como fuere, todos tenían que hacer una parte del trabajo. Y lo hicieron con dedicación, aún cuando se confrontaron a una fuerte oposición.
Los principios del trabajo en equipo extraídos de la experiencia de Nehemías se pueden resumir como sigue:
Primero, en el trabajo en equipo, los líderes espirituales competentes dan el ejemplo. Ya comentamos cómo Nehemías se interesó personalmente en la obra. Pero otros líderes del pueblo le ayudaron. Es interesante notar que los primeros en la lista de “obreros” responsables de la reconstrucción son los sacerdotes y los levitas, dirigidos por el sumo sacerdote Eliasib (3: 1). Distintas familias de sacerdotes (no olvidemos que los sacerdotes eran descendientes de la tribu de Leví, la tribu que se mantuvo fiel mientras el pueblo rendía adoración al becerro de oro fundido por Aarón) son mencionadas en la lista aportada por Nehemías. El nombre de esos nobles personajes ha sido inmortalizado para nosotros. Sin embargo, también se mencionan a algunos notables, como los de la familia de Tecoa, que “no quisieron ayudar a los que dirigían la obra” (3: 5, TLA). Tanto Nehemías como Eliasib y los demás levitas nos dan un ejemplo de entrega en la realización de nuestras tareas. Pero, en contraste, los de Tecoa, los principales que no quisieron colaborar, nos recuerdan que siempre habrá quienes no deseen salir de las comodidades que la vida les brinda para dedicarse a otras labores que no le reporten ningún beneficio personal ni inmediato. Miran a los obreros desde lejos y, aunque no llegan al punto de negar la importancia de la tarea, no se involucran ni motivan a otros a hacerlo. Es más, en muchas oportunidades, critican a quienes se ocupan y se dedican a la obra de Dios, y, lo que es peor todavía, quienes critican provienen de nuestras propias filas.
Liderazgo es influencia. Un líder dirige a cualquier individuo en la medida en que es capaz de influir sobre él. ¿Recuerdan la parábola del buen samaritano? Si es necesario, lean Lucas 10: 25-37 otra vez. ¿Se han preguntado por qué el levita no alivió ni atendió al judío moribundo del camino? Simple; porque su líder espiritual tampoco lo hizo. El levita siguió el ejemplo de su jefe, el sacerdote que había pasado antes que él, que iba delante de él y que tampoco asistió al doliente. Querámoslo o no, otros seguirán nuestro ejemplo. Nuestra influencia en quienes dirijamos será aroma de vida para vida o sabor de muerte para muerte (cf. 2 Corintios 2: 16).
“Nehemías… no confiaba en el ejercicio de la autoridad, y procuró más bien ganar la confianza y simpatía del pueblo, porque sabía que la unión de los corazones tanto como la de las manos era esencial para la gran obra que le aguardaba…
“Nehemías ponía toda su alma en la empresa que había iniciado. Su esperanza, su energía, su entusiasmo y su determinación eran contagiosos e inspiraban a otros el mismo intenso valor y elevado propósito. Cada hombre se trocó a su vez en un Nehemías, y contribuyó a fortalecer el corazón y la mano de su vecino”.[7]
Un segundo principio del trabajo en equipo es que todos los miembros del equipo deben estar involucrados en procura de un mismo objetivo. En el tiempo de Nehemías había una sola meta a cumplir: la reconstrucción de los muros. Y el pueblo a una respondió al llamado de su líder: “Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron su mano para el bien” (Nehemías 2: 18, RVR60).
En esta valiosa empresa notamos que se mencionan a familias enteras (p. e. los hijos de Senaá (Nehemías 3: 3) y los tecoitas (3: 5), entre otros); también se mencionan a varones en forma individual (Eliasib (3: 1), Zacur (3: 2), Meremot, Mesulá y Sadoc (3: 4), por citar algunos); pero también en el equipo había mujeres (3: 12), artesanos (3: 8, 31, 32), perfumistas (3: 8), comerciantes (3: 32), sacerdotes y levitas (3: 1, 17, 22, 26, 28), nobles, oficiales, gobernadores (p.e. Refaías (3: 9), Salum (3: 12, 15), Malquías (3: 14), Nehemías (3: 16), Hasabías (3: 17), Bavai (3: 18), Ezer (3: 19), entre otros); guardianes (p. e. Semaías (3: 29)), etc. Una gran diversidad de personas, imbuidas de patriotismo y celo por los intereses divinos, hombres y mujeres de influencia, capaces y organizados, venidos de distintos lugares, de cerca y de lejos, de Jericó (3: 2), de Gabaón y Mizpa (3: 7) y de Zanoa (3: 13) y de diferentes ocupaciones, todos se unieron tras el mismo y único propósito (cf. 2: 16).
De igual forma, el propio Nehemías participó en persona de la reconstrucción. Posteriormente, el escribiría: “También en la obra de este muro restauré mi parte… y todos mis criados juntos estaban allí en la obra” (Nehemías 4: 16, RVR60; cf. 6: 1-3).
En procura de los objetivos propuestos, algunos miembros del equipo harán el trabajo con mayor entusiasmo que otros, como Baruc quien, “con todo fervor”, restauró su tramo (3: 20, RVR60; cf. 4: 6). Estar motivados en la tarea asignada es de inmenso valor. No podemos realizar lo que no queremos ni alcanzar objetivos que no nos interesen. Aún así, el liderazgo efectivo y de influencia, tal como el fallecido ex-presidente Harry Truman decía, puede conseguir “que otros hagan lo que no quieren hacer, ¡y que lo hagan con agrado!”.[8] La automotivación y la alegría en el cumplimiento del deber reduce los niveles de estrés en el equipo y el trabajo se realiza con mayor eficacia. Nunca cansa, desanima o desgasta lo que se hace con alegría, disfrutando de los frutos de ese trabajo.
Otro principio en el trabajo de equipo es que de vez en cuando debemos dejar de lado lo que realizamos en forma habitual o lo que persigue un bien particular para realizar una tarea que implica los intereses del equipo o lo que favorece el bien común. Mientras se reconstruían los muros, algunos realizaban un trabajo en el cual estaban habituados o que les reportaba cierto beneficio, pero no todos. Quizás para los sacerdotes resultaba más motivador y beneficioso reconstruir la puerta de las Ovejas (3: 1) o para algunas familias sería de mucho más interés preocuparse del muro enfrente o cerca de su casa (3: 10, 23, 28-30), pero no fue así con todos los obreros. Incluyendo los sacerdotes ya mencionados cuyo oficio cotidiano era dirigir las ceremonias sacrificiales, en la lista del equipo de trabajo de Nehemías se mencionan a otros que dejaron sus quehaceres comunes para enfrascarse en la tarea de la reconstrucción.
Por ejemplo, se nombra a Hananías, uno de los perfumistas (3: 8), y a Uziel, Malquías y otros plateros (3: 8, 31, 32). Los perfumistas tenían como principal función preparar excelentes perfumes, es decir, las especias aromáticas para quemar en el altar del incienso en el lugar santo del templo. Por su parte, los plateros habitualmente trabajaban con objetos de plata, tanto para el uso común del pueblo como para el servicio sagrado del templo. Éstos, junto a los levitas, nobles, gobernadores, guardianes, oficiales, comerciantes y mujeres, y otros que no son mencionados en forma tan tácita, salieron de sus talleres y ocupaciones habituales y dejaron de lado sus labores diarias para unirse al equipo que se había propuesto reconstruir los muros.
En nuestra experiencia de servicio, en muchas oportunidades hemos tenido que dejar de lado los deberes cotidianos de la enseñanza o la predicación para ayudar a otros en sus funciones y realizar las tareas con mayor celeridad en procura del cumplimiento de las labores mayores asignadas en las iglesias o colegios en donde hemos trabajado. A veces, realizar lo que no se acostumbra requiere paciencia, otras veces requiere de la asistencia de los peritos e, incluso, aprender a utilizar herramientas que nos son de uso ordinario, pero cuando hay un objetivo común, la tarea se hace menos ardua y más satisfactoria.
Finalmente, un cuarto principio presente en el trabajo en equipo es que cuando el equipo está haciendo las cosas bien, viene la oposición. Nehemías describe así su situación:
Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos. Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará” (4: 1-4, RVC; cf. 2: 10, 19; 4: 7, 8; 6: 1-19).
Para cualquier líder o equipo de trabajo la oposición es inevitable. Lo que se esperaría es que, cuando llega el éxito o se inicia el camino hacia el progreso y el crecimiento sostenido, se produzca la admiración entre quienes nos rodean. Sin embargo, muchas veces se produce el efecto contrario. En la historia de Nehemías y la reconstrucción de los muros de Jerusalén, la oposición surgió de corazones que no podían admitir que el pueblo trabajara con entusiasmo en torno a un mismo ideal y deseara alcanzar una meta común. Y parecía que su empresa prosperaba día a día. En su envidia y egoísmo, la oposición quiso detener la obra, pero fue la presencia de aquella misma oposición la que la alentó mucho más al punto que “el pueblo trabajó con entusiasmo” (4: 6, NVI). La oposición obligó al equipo a re-inventarse, a utilizar nuevas estrategias de trabajo y evaluar nuevas alternativas de solución (4: 9, 13-23). Fue bajo el liderazgo ágil, dinámico y espiritual de Nehemías que el equipo de trabajo no se desalentó frente a la adversidad, sino más bien se fortaleció en procura del cumplimiento de sus objetivos.
“Como los que construían los muros de Jerusalén, [los que trabajan para Dios] deben negarse a permitir que las amenazas, las burlas o las mentiras los distraigan de su obra […] A medida que se acerca el tiempo del fin se harán sentir con más poder las tentaciones a las cuales Satanás somete a quienes trabajan para Dios. Empleará agentes humanos para escarnecer a quienes edifiquen la muralla… [Los que trabajan para Dios] no deben permitir que cosa alguna los aparte de su trabajo”.[9]
La oposición permitió otra cosa. Así como cuando Nehemías se enteró de la necesidad profunda de su pueblo buscó a Dios en oración en procura de auxilio, ahora frente a la oposición, Nehemías comenta: “Entonces oramos a nuestro Dios” (4: 9, RVR60). El líder de Israel elevó una oración precisando la ayuda del Creador: “¡Dios nuestro, escucha cómo nos ofenden!” (4: 4, TLA). En todo momento de su experiencia, el líder debe hacer de la oración su más valiosa aliada y buscar a Dios cada día le dará los resultados esperados. No importa cuán grande sea la necesidad que se presente o cuán grande sea la oposición que amenace, el líder debe refugiarse en las alas del Altísimo a través de la oración.
A modo de conclusión
Como líder y miembro de distintos equipos de trabajo, he encontrado en estos valiosos principios una fuente poderosa de motivación y de estrategias para realizar de mejor manera las tareas asignadas. Sin duda, queda aún mucho que aprender e internalizar. No pretendo ser exhaustivo en el desarrollo de estos principios y es probable que el lector de estas líneas tenga y utilice sus propios principios basados en su experiencia o en la experiencia de algún otro líder de las Escrituras. Lo expuesto es parte de aquello que en mi propia vivencia como líder he ido ganando y ahora las pongo a disposición de aquellos que deseen usarlos en el desarrollo y progreso de sus propias responsabilidades.
Dios nos ampare e instruya en la delicada, pero reconfortante tarea de dirigir los intereses de su iglesia en esta tierra y permita que nuestro liderazgo e influencia sea para honrar a nuestro Dios y engrandecer y acabar su obra.




[1] Victor A. Jofré Araya, Magíster © en Educación Religiosa (2015). Actualmente se desempeña como Inspector General del Colegio Adventista de Arica, Chile. Se le puede escribir a victorja@gmail.com
[2] En el presente ensayo se utilizaron las siguientes versiones de la Biblia en español: Reina-Valera Revisión 1960 (RVR60), Reina-Valera Contemporánea (RVC), Nueva Versión Internacional (NVI) y Traducción en Lenguaje Actual (TLA).
[3] Charles R. Swindoll, Pásame otro ladrillo, Editorial Caribe, Nashville, Tennessee, 1980, pp. 30-37.
[4] Rick Warren, Liderazgo con propósito, Editorial Vida, Miami, Florida, 2008, pp. 18-21, 67-82, 91-108.
[5] Elena G. de White, Profetas y Reyes, Asociación Casa Editora Sudamericana, Buenos Aires, 2007, p. 282.
[6] White, op. cit., p. 283.
[7] White, op. cit., pp. 285, 286.
[8] Citado por Swindoll, op. cit., p. 14.
[9] White, op. cit., p. 296.

domingo, 9 de noviembre de 2014

El joven adventista y su vestimenta

Retiro Espiritual para Jóvenes Adventistas
“Escogidos para vencer”
Distrito Arica Norte
Valle de Azapa (Km. 29) – 8 de noviembre de 2014

El joven adventista y su vestimenta[1]




1. Principios guiadores en el vestir
“Vi que la apariencia exterior es un índice de lo que hay en el corazón”.[2]
“El vestido y su arreglo en la persona son generalmente el índice de lo que es el hombre o la mujer”.[3]
“Juzgamos el carácter de una persona por el estilo del vestido que lleva”.[4]
“Sigan las costumbres en el vestido mientras estén de acuerdo con los principios de salud. Vístanse nuestras hermanas sencillamente, como muchas lo hacen, que el vestido sea de material bueno y durable, apropiado para esta edad y que la cuestión del vestido no llene la mente. Nuestras hermanas debieran vestirse con sencillez. Debieran vestirse con una ropa modesta, con pudor y sobriedad…
“Si el mundo introduce una moda recatada, conveniente y saludable, que esté de acuerdo con la Biblia, no cambiará nuestra relación con Dios o con el mundo el adoptar tal estilo de vestido. Los cristianos debieran seguir a Cristo y hacer sus vestidos conforme a la Palabra de Dios. Debieran evitar los extremos”.[5]
“No ocupéis vuestro tiempo esforzándoos por seguir todas las necias modas del vestido. Vestíos pulcra y atractivamente, pero no os convirtáis en el objeto de observaciones ya sea por estar demasiado ataviados o por vestiros de una forma descuidada y desaseada. Proceded como si supierais que el ojo del cielo está sobre vosotros y que vivís bajo la aprobación o desaprobación de Dios”.[6]
2. Instrucciones bíblicas
1 Corintios 10: 31: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”.
“En el vestido, lo mismo que en todas las demás cosas, tenemos el privilegio de honrar a nuestro Creador. El no sólo desea que nuestro vestido sea limpio y saludable, sino apropiado y decoroso”.[7]
1 Timoteo 2: 9, 10: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”.
“Dios pide a los jóvenes que se priven de ornamentos y artículos de vestimenta innecesarios, aún cuando cuesten muy poco”.[8]
1 Pedro 3:3-5: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro, o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres”.
“La extravagancia en el vestir aumenta constantemente. Y no se ha llegado aún al fin. La moda cambia a cada momento y nuestras hermanas la siguen, sin reparar en el gasto de tiempo y dinero”.[9]
Mateo 6: 28, 29: “Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos”.
 “La abnegación en el vestir es parte de nuestro deber cristiano. El vestir sencillamente y abstenerse de ostentar joyas y adornos de toda clase está de acuerdo con nuestra fe”.[10]
Números 15: 38-40: Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra… y seáis santos a vuestro Dios”.
“En este pasaje Dios expresamente ordenó un arreglo sencillo de vestir para los hijos de Israel a fin de distinguirlos de las naciones idólatras que los rodeaban”.[11]
“En el servicio del tabernáculo, Dios explicó todo detalle concerniente a las vestiduras de los que ministraban delante de él. Esto nos enseña que él tiene una preferencia con respecto a la indumentaria de los que le sirven. Fueron muy específicas las instrucciones dadas acerca de las vestiduras de Aarón, porque eran simbólicas. Así la indumentaria de los que siguen a Cristo, debe ser simbólica. En todas las cosas hemos de ser representantes de él”.[12]
3. La influencia de la moda en el vestido
“Vi que algunos profesos observadores del sábado pasaban horas que eran más que perdidas estudiando esta o aquella moda para adornar su pobre cuerpo mortal”.[13]
“Los primeros y principales pensamientos de la gran mayoría, especialmente de las mujeres, se dedican a la ostentación. El amor a la indumentaria y los placeres está destruyendo la felicidad de millares. Y algunos de los que profesan amar y guardar los mandamientos de Dios imitan a esa clase de personas”.[14]
“El amor al vestido hace peligrar la moralidad… Los vestidos llamativos y extravagantes con frecuencia estimulan la concupiscencia en el corazón de quienes los usan y despiertan pasiones bajas en las mentes de quienes los contemplan. Dios ve que la ruina del carácter con frecuencia está precedida por la complacencia del egoísmo y la vanidad en el vestir”.[15]
“Se me llamó la atención al antiguo pueblo de Dios y se me dijo que comparara su vestimenta con la moda imperante en estos últimos días… En estos últimos días las modas son vergonzosas e inmodestas”.[16]
“Muchos se visten como el mundo… Sus palabras, su indumentaria y sus acciones deben hablar en favor de Dios. Entonces ejercerán una influencia santa sobre todos los que los rodeen, y aun los incrédulos conocerán que han estado con Jesús. Si alguno quiere que su influencia se ejerza en favor de la verdad, viva de acuerdo con lo que profesa e imite así al humilde Modelo”.[17]
4. La vestimenta en el sábado
“Se me ha mostrado especialmente que los que profesan presentar la verdad debieran tener cuidado especial en presentarse delante de Dios el sábado de una manera que revelara su respeto hacia el Creador que ha santificado y colocado honor especial en aquel día”.[18]
“Muchos necesitan instrucción en cuanto a cómo deben presentarse en la asamblea para adorar en sábado. No han de entrar en la presencia de Dios con las ropas que llevan comúnmente durante la semana. Todos deben tener un traje especial para el sábado, para llevarlo cuando asisten al culto en la casa de Dios. Aunque no debemos conformarnos a las modas mundanales, no debemos ser indiferentes acerca de nuestra apariencia exterior. Debemos ser aseados y estar bien arreglados, aunque sin adornos. Los hijos de Dios deben ser limpios en su interior y exterior”.[19]
5. Lo que realmente debería preocuparnos
“Para proteger al pueblo de la influencia corruptora del mundo, así como para promover la salud física y moral, se introdujo la reforma en el vestido… Distinguiría al pueblo de Dios del resto del mundo y así serviría como barrera contra sus modas y futilidades”.[20]
“Algunos tratan la reforma de la vestimenta con gran indiferencia y otros con desprecio… [Esta reforma] es justamente lo que necesitamos para distinguir y separar del mundo al pueblo de Dios que observa los mandamientos. La reforma de la vestimenta armoniza con nosotros así como lo hacía la cinta azul con el antiguo Israel”.[21]
“Si cambia el corazón carnal… todo el amor al vestido y a las apariencias habrá desaparecido. El tiempo que pasáis delante del espejo, arreglando vuestro cabello para que agrade al ojo, será dedicado a la oración y al escudriñamiento del corazón. En el corazón santificado no habrá cabida para el atavío exterior, sino una búsqueda ferviente y ansiosa del adorno interior”.[22]




[1] Compilación de Testimonios del espíritu de profecía acerca de la indumentaria cristiana realizada por Víctor Jofré Araya (2014), Magíster © en Educación Religiosa. Actualmente se desempeña como Inspector General del Colegio Adventista de Arica.
[2] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 129.
[3] Review and Herald, 30 de enero de 1900; Conducción del Niño, p. 388.
[4] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 636.
[5] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 458, 459.
[6] Manuscrito 53, 1912.
[7] La Educación, p. 242.
[8] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 502.
[9] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 623.
[10] Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 404.
[11] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 459.
[12] Testimonios para la Iglesia, tomo 6, p. 96.
[13] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 127.
[14] Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 404.
[15] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, pp. 637, 638.
[16] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 249.
[17] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 174.
[18] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 249.
[19] Joyas de los Testimonios, tomo 3, p. 21.
[20] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 627.
[21] Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 191.
[22] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 152.

sábado, 11 de octubre de 2014

Semana de Oración en el Instituto Adventista Los Andes, La Paz, Bolivia.


Fue una hermosa semana con los alumnos, profesores y padres del IALA (6 al 10 de octubre).

Finalmente, Jesús triunfa!!! 22 alumn@s de secundaria del Instituto Adventista Los Andes de La Paz, Bolivia, fueron los valientes que recibieron a Cristo en su corazón y entraron en una relación íntima con él por medio del bautismo... Gloria a Dios!!!