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jueves, 31 de enero de 2013

El profesor de aula y la transformación del currículum


El profesor de aula y la transformación del currículum
Víctor a. Jofré Araya
Magíster (C) en Educación Religiosa - enero 2013

Introducción
Nadie puede negar a esta altura de la historia humana el importante y, a veces, hasta imprescindible rol de los maestros en las aulas de nuestras escuelas. La influencia positiva o negativa de un profesor se extiende en el tiempo, más allá incluso de la vida de los educandos, permeando la existencia de las nuevas generaciones. Este rol e influencia se evidencia también en la creación, implementación, ejecución, transformación y evaluación del currículum educativo. Se ha concebido al profesor “como un mediador decisivo entre el currículum establecido y los alumnos, un agente activo en el desarrollo curricular, un modelador de los contenidos que se imparten y de los códigos que estructuran esos contenidos” (Gimeno, 1996, p. 197).
En este sentido cabe resolver el cuestionamiento que ya ha sido percibido por los especialistas (p. e. Gimeno, 1996; Edwards, 2012): ¿Tienen los docentes el derecho y la obligación de aportar al currículum sus propios significados e intervenir en su transformación en el contexto de una clase? Si es así, ¿en dónde, cuándo y en qué medida es lícito que aquello ocurra? ¿Cuáles son los límites de la actividad mediadora del profesor entre el currículum y los educandos?
En el presente paper se intentará dar respuesta a estas interrogantes con las aportaciones de especialistas en el área educativa, una breve investigación bibliográfica acerca del tópico en cuestión (especialmente el capítulo titulado El currículum moldeado por los profesores de Gimeno, 1996), la reflexión personal del autor y el ejemplo de nuestro máximo educador: Jesús.
Rol mediador del maestro
Ahora bien, así como el profesor moldea o puede moldear el currículum, el currículum también moldea a los docentes, aunque éste, en definitiva, es traducido en la práctica por ellos mismos (Gimeno, 1996). Si entendemos el currículum como el producto de un complejo proceso de construcción social o de selección cultural y decisiones curriculares en el cual participan personalidades con determinadas visiones, teorías y valores, éste es una suerte de mediador entre la teoría y la realidad de la enseñanza, el plan de acción especifico que desarrolla el profesor con sus alumnos en el aula.
“En el mismo sentido, el aula es vista como un centro de aprendizaje más que como un lugar de trabajo. Esto implica una fuerte orientación cognitiva de base, un énfasis en los procesos y no tanto en los resultados. En este marco, el docente no es considerado como un administrador de las situaciones de aula, sino como un experto capaz de tomar decisiones complejas en las situaciones de aprendizaje de sus alumnos” (Edwards, 2012).

Modelos educativos
Antes de continuar, es necesario destacar que entre los distintos modelos de instrucción que existen encontramos una educación centrada en el maestro y en la manera que éste imparte los contenidos. Si bien podríamos decir que pertenece al pasado, no son pocos las escuelas o los sistemas (y por qué no decirlo también, los maestros) que se adhieren a este modelo. En este modelo educativo el maestro es un simple transmisor de conocimiento y el currículum impuesto permanece sin grandes cambios o acomodaciones y el alumno es más bien un ente pasivo, un receptor inánime. Si consideramos a los maestros como los líderes del proceso de aprendizaje, bajo este sistema en innumerables oportunidades pierden eficacia porque proporcionan al alumno demasiada ayuda en sus deberes y responsabilidades en vez de hacerlos pensar. El maestro “olvida que la situación ideal de aprendizaje es quizás aquella en que el alumno aprende la manera de aprender por sus propios medios” (Kopp y Zufelt, 1975, p. 123) y que su rol en el aula es la de “proveer y estructurar las situaciones de aprendizaje que permitan la acción del alumno” (Leyton, 1978, p. 44).
Por otra parte, tenemos también un modelo o diseño de enseñanza centrada en el alumno. En este modelo el alumno es el factor principal de su propia educación y el maestro, como facilitador del proceso educativo, tiene una función instrumental. Muchos sistemas modernos se adhieren a este modelo. Este tipo de instrucción permite al niño participar en las decisiones relativas a las experiencias de aprendizaje dentro y fuera del aula, determinando qué, cuándo y cómo puede participar como individuo, como grupo o como clase en esa construcción. En este nuevo panorama el maestro debe poseer la capacidad de reorientar el pensamiento del niño y le ayuda a pensar, elegir y a aceptar sus errores. Este maestro guía al alumno en el descubrimiento y, como consecuencia, éste aprende con más entusiasmo y eleva su propio nivel de rendimiento en las tareas asignadas, tanto grupales como individuales. En este modelo “los buenos resultados en el proceso educativo dependen, en gran parte, del entusiasmo que el maestro consigue transmitir al niño” (Sperb, 1973, p. 73). En este mismo sentido, “los maestros deben enfrentar el desafío de reevaluar las relaciones maestro-alumno en el proceso de aprendizaje” (Kopp y Zufelt, 1975, p. 124), pues ellos “mediatizan el tipo de relación que los alumnos pueden tener con los contenidos curriculares” (Gimeno, 1996, p. 198).
Es en este modelo humanista, cuyo centro y razón de ser es el alumno, en que el maestro es considerado un formador (pues crea) y transformador (pues re-crea) del currículum. En este tipo de instrucción “los maestros tienen la tarea de seleccionar las habilidades y conocimientos que merezcan ser adquiridos y luego elaborar los objetivos educacionales apropiados” (Kopp y Zufelt, 1975, p. 92, 93). En este modelo los maestros se sienten plenamente responsables del currículum que desarrollan y que continuamente trasforman en favor de los educandos. Este modelo considera al maestro como artífice y trasformador del currículum, por lo tanto “un maestro que no se halla convencido de la utilidad de la modificación del currículo no consigue convencer a los alumnos” (Sperb, 1973, p. 73).
Como bien se ha dicho: “Una cosa es lo que proponen planes y programas de estudio, y otra lo que los estudiantes aprenden en el aula de clase” (Torres, 2011). La distancia entre ambos componentes es lo que separa el currículum propuesto, es decir, lo que se programa desde fuera de la unidad educativa y por tanto se espera que enseñen los profesores, por una parte, y que aprendan los alumnos, por otra parte, del currículum efectivo, es decir, de lo que realmente se enseña en el aula y que finalmente internaliza el alumno. Son, en definitiva, los docentes quienes –incluso dentro de los límites, parámetros y estricteces que generalmente supone un currículum unilateralmente impuesto- terminan decidiendo qué, cómo y cuándo se enseña, pues la enseñanza, la instrucción dentro de los márgenes de un aula, es un oficio nada fácil que exige criterio propio, flexibilidad y cierta cuota de creatividad.
Límites y marcos de referencia
Ahora bien, la acción docente se desenvuelve en el contexto de una institución y, por ende, su práctica está inevitablemente histórica, organizativa, política, social y tradicionalmente condicionada. La acción observada es producto de una modelación que los maestros realizan dentro de marcos institucionales de referencia, márgenes que en la mayoría de los casos están indisolublemente establecidos. Así, a pesar de la libertad que pareciera tener un docente en su moldeamiento y transformación del currículum dentro del aula, las posibilidades de efectuar esa labor están pre-establecidas dentro del marco en el que actúan. En realidad (y para ser honestos), por muy activo que sea el profesor, siempre será más bien un ser que reacciona frente a situaciones nuevas más que crearlas o re-crearlas de nuevo. Al respecto se afirma:
“El profesor no decide su acción en el vacío, sino en el contexto de la realidad de un puesto de trabajo, en una institución que tiene sus normas de funcionamiento marcadas a veces por la administración, por la política curricular, por los órganos de gobierno de un centro o por la simple tradición que se acepta sin discutir” (Gimeno, 1996, p. 198).

En este mismo respecto, debemos tomar en cuenta que la carrera docente, es decir la formación de nuevos profesores, debe estar orientada a producir una generación de maestros creativos, capaces de modelar el currículum según las exigencias lo determinen y según los propios criterios lo dispongan. Pensar en los profesores como modeladores del currículum, en otras palabras, mediadores entre el currículum propuesto y el currículum efectivo, “tiene consecuencias en orden a pensar modelos apropiados de formación de profesores, en la selección de contenidos para esta formación, en la configuración de la profesionalidad y competencia técnica de los docentes” (Gimeno, 1996, p. 197).
El ejemplo de Jesús
Finalmente, consideremos a Jesús como maestro modelador de currículum. Si hay un ejemplo en la educación cristiana digno de ser imitado por cualquier maestro que se precie de tal es Cristo mismo, que tuvo la capacidad de seleccionar aquello que era de mayor relevancia para su público desde toda la sabiduría atesorada en los escritos hebreos. En innumerables oportunidades Cristo no echó mano de la sabiduría de los rabinos y de las sectas judías, ni siquiera de todo el saber que como Creador del cielo y de la tierra tenía, sino que “seleccionó” lo que más se acomodaba a su audiencia y podía ser de utilidad a los que tenían hambre y sed de justicia.
Vemos, por ejemplo, su encuentro nocturno con Nicodemo. Mientras el anciano dirigente intentaba desviar la conversación hacia los temas propios de su secta farisaica, Jesús seleccionó lo que era de relevancia para él en ese momento. Al respecto se ha escrito:
Nicodemo había venido al Señor pensando entrar en discusión con él, pero Jesús le descubrió los principios fundamentales de la verdad. Dijo a Nicodemo: ‘No necesitas conocimiento teórico tanto como regeneración espiritual. No necesitas que se satisfaga tu curiosidad, sino tener un corazón nuevo’” (White, 1999, p. 42).

Otro ejemplo, es el uso que Jesús hizo de las parábolas como medio educativo. A través de este método, Jesús llevaba a su audiencia de lo conocido a lo desconocido, de las verdades terrenales con las cuales la gente se hallaba más familiarizada a las verdades celestiales, espirituales y eternas que habían sido obscurecidas por las autoridades religiosas de su tiempo. Sus enseñanzas presentaban a través de un nuevo prisma las lecciones de la naturaleza y del Antiguo Testamento. De esta manera:
“Jesús quiso incitar el espíritu de investigación […] En la enseñanza en parábolas usada por el Salvador se halla una indicación de lo que constituye la verdadera educación superior. Cristo podría haber abierto ante los hombres las más profundas verdades de la ciencia. Podría haber descubierto misterios cuya penetración habría requerido muchos siglos de fatiga y estudio. Podría haber hecho insinuaciones en los ramos científicos que habrían proporcionado alimento para el pensamiento y estímulo para la inventiva hasta el fin de los tiempos. Pero no lo hizo. No dijo nada  para satisfacer la curiosidad o para gratificar las ambiciones de los hombres abriéndoles las puertas a las grandezas mundanas” (White, 1995, pp. 11-13; el énfasis es personal).

Conclusiones
Según Torres (2011), existe un elemento fundamental que define el qué, el cómo y el cuándo se enseña en nuestras aulas. Este fundamento ha sido y seguirá siendo el mismo, a saber, el maestro. Gimeno (1996) enfatiza que la “capacidad de modelación que tienen los profesores es un contrapeso posible si se ejerce adecuadamente” (p. 197). Ese contrapeso es entre el currículum propuesto y el currículum efectivo, entre los especialistas que imponen y los alumnos. A propósito de lo mismo, se interroga: “¿Quién, si no es el profesor, puede moldear el currículum en función de las necesidades de unos alumnos determinados, resaltando los significados del mismo para ellos, de acuerdo con sus necesidades personales y sociales dentro de un contexto cultural?” (Gimeno, 1996, p. 200).
Aunque el maestro, por muy hábil y creativo que sea, no escoge las condiciones bajo las cuales realiza su trabajo (esto se agudiza aún más en el caso de los maestros que pertenecen al sistema educativo adventista), es quien, diariamente, en el margen de autonomía que el sistema educativo y curricular deja en sus manos, se avoca a la obra no menos importante de seleccionar qué y cómo leer, de escoger determinados medios, recursos y materiales didácticos, de definir los énfasis en los objetivos y los contenidos (sobre todo en los objetivos fundamentales transversales y en los contenidos relacionados con la integración de la fe y la enseñanza), de elegir los ejemplos, de manejar los tiempos, de adoptar o rechazar determinados métodos y estrategias de enseñanza y aprendizaje, de asignar tareas y deberes, de elaborar y re-elaborar pruebas escritas y orales, de medir, calificar, evaluar y juzgar conocimientos, procedimientos y actitudes, de premiar o sancionar principios, valores, actitudes y de evaluar y juzgar comportamientos, rendimientos y desempeños de los alumnos. Él es, en consecuencia, un verdadero modelador del currículum.
De igual manera, es sabio reflexionar en que los mismos planes y programas de estudio propuestos o impuestos por las distintas autoridades educativas pueden ser interpreta­dos y manejados de maneras muy diversas por distintos tipos de maestros. El mejor y más elaborado currículum propuesto puede ser distorsionado y hasta anulado en la práctica pedagógica por un mal educador. Y, por el contrario, el peor currículum propuesto puede ser convertido en una oportunidad de enseñanza y aprendizaje relevante para todos los alumnos y alumnas, si de por medio está un buen maestro, un mediador, un verdadero educador, un modelador del currículum. Un maestro como Jesús.
Referencias
Edwards R., V. (2012). El currículum y la práctica pedagógica: Análisis de dos contextos en la formación de docentes en Chile. Recuperado el 18 de enero de 2013 desde http://www.ub.edu/obipd/PDF%20docs/ Formaci%C3%B3%20Inicial/Educaci%C3%B3%20Universitaria/I+I/curriculum_practicapedagogica_formacion_docente_edwadrs.pdf
Gimeno S., J. (1996). El currículum: una reflexión sobre la práctica. Barcelona: Editorial Morata.
Kopp, O. W. y D. L. Zufelt (1974). El currículum personalizado. Método y diseño. Buenos Aires: Editorial Paidós.
Leyton S., M. (1978). Planeamiento educacional, un modelo pedagógico. 6ª. Ed. Santiago: Editorial Universitaria.
Torres, R. M. (2011). El currículum propone, el profesor dispone. Recuperado el 17 de enero de 2013 desde http://otra-educacion.blogspot.com/2011/08/ el-curriculo-propone-y-el-profesor.html
Sperb, D. C. (1973). El Currículo. Su organización y el planteamiento del aprendizaje. Buenos Aires: Editorial Kapelusz.
White, E. G. de (1995). El Deseado de todas las Gentes. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana.
White, E. G. de (1999). Palabras de vida del Gran Maestro. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana.
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