Prepárate para venir
al encuentro de tu Dios[1]
“Por tanto, de esta manera te haré a ti, oh
Israel; y porque te he de hacer esto,
prepárate para venir al encuentro de tu Dios”
(Amós 4: 12, RVR60).
ios nos ha dado en su Palabra las señales para distinguir los
tiempos en que estamos viviendo. En su amor, nos dio a conocer el futuro para
que podamos estar preparados. Al leer
las Escrituras debemos entender que su personaje central es nuestro Señor
Jesucristo y lo que hizo, está haciendo y hará por nosotros. El Apocalipsis
comienza mencionando que es “la revelación de Jesucristo” (Apocalipsis
1: 1, RVR60). La inspiración nos dice
que al estudiar las profecías debemos exaltar a Cristo como “centro de
toda esperanza”. Ahora bien, ¿cómo
podemos prepararnos para nuestro encuentro con Jesús, el centro de nuestra
esperanza? El propósito de este artículo
es comprender la manera de estar preparados para ese glorioso día.
El regreso de Jesús: una esperanza
bienaventurada
A través de las Escrituras encontramos la promesa
de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo. Los patriarcas, los reyes, los profetas, los
evangelios y los apóstoles hablaron de este maravilloso tema. El mismo Jesús dijo a sus discípulos que
regresaría. Esta promesa la encontramos
en Juan 14: 1 – 3, un texto clásico cuando hablamos del pronto regreso de Jesús.
Pablo lo llama la “esperanza bienaventurada” (Tito 2: 13, RVR60). El resto de las Escrituras también da
testimonio de este acontecimiento:
·
Salmo
50: 3: “Vendrá el Señor y no callará” (RVR60); “Nuestro Dios viene, pero no en
silencio” (NVI).
·
Isaías
62: 11: “¡Ahí viene tu Salvador! Trae su premio consigo; su recompensa lo
acompaña” (NVI).
·
Oseas
6: 3: “El Señor vendrá a nosotros” (DHH).
·
Joel
2: 1: “¡Nuestro Dios viene! ¡Ya está cerca el día!” (BLA).
·
Abdías
15: “Ya está cerca el día del Señor para todas las naciones” (DHH).
·
Habacuc
2: 3: “Aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará” (RVR60).
·
Sofonías
1: 14: “Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo” (RVR60).
·
Hageo
2: 7: “Haré temblar a las naciones y vendrá el Deseado de todas las naciones”
(RVR60).
·
Malaquías
3: 2: “¿Quién podrá soportar el tiempo de su venida? (RVR60).
·
1
Tesalonicenses 4: 16: “El Señor mismo descenderá del cielo” (NVI).
·
2
Timoteo 4: 8: “Todos los que con amor esperan su venida gloriosa” (DHH).
·
Hebreos
9: 28: “Cristo. . . aparecerá por segunda vez. . . para salvar a los que le
esperan” (RVR60).
·
Santiago
5: 8: “Tened paciencia. . . porque la venida del Señor se acerca” (RVR60).
·
2
Pedro 3: 12: “Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios”
(RVR60).
·
1
Juan 2: 28: “No sintamos vergüenza delante de él cuando venga” (DHH).
·
Apocalipsis
1: 4: “Dios es el que vive, el que siempre ha vivido y el que está por venir”
(BLA).
·
Apocalipsis
22: 20: “Les aseguro que vengo pronto. ¡Así sea! ¡Ven, Señor Jesús!” (BLA).
También las Escrituras son claras al
mencionar cómo regresará nuestro Señor:
·
Personal y visible.
Mateo 24: 30 nos dice que “entonces se verá en el cielo la señal
del Hijo del hombre” (DHH). Apocalipsis
1: 7 refuerza esta idea al afirmar que “todos lo verán con sus propios
ojos” (NVI). La idea de un Cristo por
aquí o por allá no es bíblica. El
regreso de nuestro Salvador será un suceso mundial (Mateo 24: 23 – 27). Le
veremos tal como le vieron sus discípulos (Hechos 1: 10, 11).
·
En las nubes del cielo.
“Verán al Hijo del hombre que viene en las nubes del cielo con
gran poder y gloria” (Mateo 24. 30, DHH).
Apocalipsis 1: 7 repite esta idea: “¡Miren! ¡Cristo viene en las nubes!”
(BLA, cf. 1 Tesalonicenses 4: 17, “en
las nubes”). Esto quiere decir que
nuestro Salvador no regresará en una limosina, ni en un platillo volador, ni
siquiera caminando. Él vendrá con poder
desde el cielo y sobre las nubes.
·
En compañía de sus santos ángeles.
Jesús, en su venida, “enviará sus ángeles” (Mateo 24: 31,
RVR60). Él mismo aseguró: “Vendré pronto
con el poder de Dios y con mis ángeles” (Mateo 16: 27, BLA; cf. Mateo
25: 31). La idea se reitera en
Apocalipsis 19: 14 al decir que “los ejércitos celestiales” acompañan a Jesús,
el Verbo de Dios, “vestidos de lino finísimo, blanco y limpio” (RVR60).
·
Nadie sabe el momento exacto de su venida (Mateo 24: 36), pero el Señor nos
llama a estar apercibidos, preparados.
En el lenguaje bíblico se denomina velar,
estar atentos, despiertos. En
Apocalipsis 16: 15 se nos promete: “Yo volveré cuando menos lo esperen. . .
¡Dios bendecirá al que se mantenga despierto!” (BLA).
Velando antes de su regreso
Dice el consejo inspirado: “Viene la
tormenta, la tormenta que probará la fe de todo hombre no importa de que clase
sea. Los creyentes deben estar ahora firmemente
arraigados en Cristo”. Y agrega: “Si estáis en una correcta relación
con Dios hoy, estaréis preparados en caso de que Cristo venga hoy”.[2] La pregunta que surge es: ¿Cómo estar
“firmemente arraigados en Cristo”, tener una “correcta relación” con él y estar
“preparados” para su regreso como si viniese hoy? La Biblia nos da la respuesta:
Debemos estudiar con
diligencia la Palabra de Dios cada día
Cristo dice: “Escudriñad las Escrituras,
porque en ella os parece que tenéis la vida eterna” (Juan 5: 39, RVR60). De los habitantes de Berea se afirma que
“todos los días examinaban las Escrituras” (Hechos 17: 11, NVI). A la vez, en estos últimos días, se nos llama
a poner especial énfasis en las profecías.
El apóstol Pablo nos aconseja: “No desprecien las profecías” (1
Tesalonicenses 5: 20, NVI). El apóstol Pedro nos afirma que tenemos la “palabra
profética más segura”, a la cual debemos estar atentos (2 Pedro 1: 19,
RVR60). El apóstol Juan en Apocalipsis
1: 3 nos dice: “Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía,
y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”
(RVR60).
El espíritu de profecía por su parte afirma:
“Los cristianos han de prepararse para lo que pronto ha de estallar sobre el
mundo como sorpresa abrumadora, y deben hacerlo estudiando diligentemente la
Palabra de Dios y esforzándose por conformar su vida a sus preceptos.
“Solo los que hayan fortalecido su espíritu
con las verdades de la Biblia podrán resistir en el último gran
conflicto”.[3]
Debemos tener un
espíritu de constante oración
Cristo aconsejó a sus discípulos: “No se
duerman; oren para que puedan resistir la prueba que se acerca” (Mateo
26: 41, BLA). Además les dijo: “Estén
ustedes preparados, orando en todo tiempo, para que puedan escapar de
todas estas cosas que van a suceder y para que puedan presentarse delante del
Hijo del hombre” (Lucas 21: 36, DHH). El
apóstol Pablo nos recomienda: “Oren en todo momento” (1 Tesalonicenses
5: 17, DHH). Por su parte el apóstol
Pedro nos amonesta: “Ya se acerca el fin del mundo. Por eso sean responsables y cuidadosos en
la oración” (1 Pedro 4: 7, BLA). Apocalipsis
muestra que el incienso del altar celestial son “las oraciones del
pueblo de Dios” (Apocalipsis 5: 8, DHH).
El salmista por su parte oraba: “Sea mi oración como incienso en
tu presencia” (Salmos 141: 2, DHH).
La mensajera del Señor nos afirma: “Hemos de
vivir una vida doble: una vida de pensamiento y acción, de silenciosa oración
y fervoroso trabajo”.[4] Sin duda, la oración nos dará fuerzas para
enfrentar los días difíciles que se avecinan.
Debemos proclamar el
evangelio con poder
Cristo aseguró que “es necesario que el
evangelio sea predicado” antes de su venida (Marcos 13: 10, RVR60). También afirmó que “esta buena noticia del
reino será anunciada en todo el mundo, para que todas las naciones la
conozcan; entonces vendrá el fin” (Mateo 24: 14, DHH). El apóstol Juan menciona el mensaje de tres
ángeles, la verdad presente, proclamado a todas las naciones, razas, lenguas y
pueblos antes de que aparezca el Hijo del hombre sobre una nube blanca (Apocalipsis
14: 6, 14).
La inspiración nos amonesta diciendo:
“Mediante la proclamación del evangelio al mundo, está a nuestro alcance
apresurar la venida de nuestro Señor. No
sólo hemos de esperar la venida del día de Dios, sino apresurarla”.[5] Y agrega: “Mediante el poder del Espíritu
Santo, debemos proclamar ahora las grandes verdades para estos últimos
días. No pasará mucho tiempo hasta que
cada uno haya oído la amonestación y hecho su decisión. Entonces vendrá el fin”.[6]
Debemos llevar una
vida de obediencia y santidad
En las Sagradas Escrituras, obediencia y
santidad van de la mano. Pablo nos
aconseja: “El mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo
vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida
de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5: 23, RVR60). Por su parte,
Pedro nos dice: “Como hijos obedientes, no vivan conforme a los deseos que
tenían antes de conocer a Dios. Al
contrario, vivan de una manera completamente santa, porque Dios, que los
llamó, es santo. . . Al obedecer el mensaje de la verdad, se han purificado” (1
Pedro 1: 14, 15, DHH). Juan aclara este
punto al afirmar que todo el que permanece en Cristo y que todo aquel que ha
nacido de Dios “no practica el pecado” (1 Juan 3: 6; 5: 18, NVI). El escritor de la carta a los Hebreos nos
aconseja: “Procuren estar en paz con todos y llevar una vida santa; pues
sin la santidad, nadie podrá ver al Señor” (Hebreos 12: 14, DHH). Finalmente, el apóstol Judas nos afirma que
Dios es poderoso para guardarnos “sin caída” y presentarnos “sin mancha”
delante de su gloria (Judas 24, RVR60).
En el Apocalipsis se refuerza esta idea
cuando se presenta a los “santos”, el pueblo remante de Dios, como aquellos que
“guardan los mandamientos de Dios” (Apocalipsis 12: 17; 13: 10; 14: 12,
RVR60). También se los presenta como
aquellos que han “lavado” o “blanqueado” sus ropas de lino en la sangre del
Cordero, pues el lino limpio son las “acciones justas” o “la recta conducta del
pueblo santo” (Apocalipsis 7: 14; 19: 8; 22: 14, DHH).
El espíritu de profecía compara nuestra
experiencia antes del regreso de Jesús con la de Enoc antes de ser llevado al
cielo. “Enoc tuvo tentaciones así como nosotros. Estuvo rodeado por una sociedad que no era
más amiga de la justicia que la que nos rodea a nosotros. . . Sin embargo vivió
una vida de santidad. No se dejó
contaminar con los pecados prevalecientes en la época en que vivió. De la misma manera podemos nosotros
permanecer puros e incorruptos.
“Enoc fue un representante de aquellos que
estarán sobre la tierra cuando Cristo venga, que serán trasladados al cielo sin
ver la muerte”.[7]
Un último consejo a considerar dice así: “Si
no hallamos placer ahora en la contemplación de las cosas celestiales; si no
tenemos interés en tratar de conocer a Dios, ningún deleite en contemplar el
carácter de Cristo; si la santidad no tiene atractivo para nosotros,
podemos estar seguros de que nuestra esperanza del cielo es vana. La perfecta conformidad a la voluntad de
Dios es el alto blanco que debe estar constantemente delante del
cristiano. Él se deleitará en hablar de
Dios, de Jesús, del hogar de felicidad y pureza que Cristo ha preparado para
los que le aman”[8].
Cristo en su Palabra nos da la promesa de su
pronto retorno y nos muestra la forma en que él vendrá para no ser
engañados. Los escritores de la Biblia
nos dan a conocer los designios de Dios respecto al tema. Los consejos divinos nos animan a escudriñar
las Escrituras, a orar con fervor, a predicar las buenas nuevas de salvación y
a luchar contra el pecado con el poder de Cristo y obtener santidad. De esta manera estaremos preparados para
nuestro encuentro con él.
Querido (a) joven, ¿quieres preparar
tu vida estudiando las Escrituras, orando cada día, predicando el evangelio y
viviendo en santidad ante Dios? ¿Es la segunda venida de Cristo la “esperanza
bienaventurada” de tu corazón? ¿Deseas decir conmigo: “Señor, aquí estoy,
prepara mi vida para mi encuentro contigo”? Te invito a leer Isaías 25: 9: “Se dirá aquel día: He aquí, este es
nuestro Dios, le hemos esperado y nos salvará; este es Jehová a quien hemos
esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (RVR60).
[1] Víctor Jofré Araya (2001),
Teólogo Bíblico y Magíster © en Educación Religiosa. Actualmente se desempeña como
profesor de Educación Religiosa en el Colegio Adventista de Iquique, MNCh, UCh.
Las versiones de la Biblia utilizadas son: Reina – Valera, revisión 1960
(RVR60), Nueva Versión Internacional (NVI), Dios Habla Hoy (DHH) y La Biblia en
Lenguaje Actual (BLA). Todos los énfasis
han sido añadidos.
[2] Elena G. de White, Eventos de los Últimos Días, pág. 65, 75.
[3] ________, op. cit., pág. 67.
[4] ________, op. cit., pág. 64.
[5] ________, op. cit., pág. 40.
[6] ________, ¡Maranatha: El Señor viene!, pág. 259.
[7] ________, Eventos de los últimos días, pág. 72, 73.
[8] ________, op.
cit., pág. 75.