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Este blog tiene como propósito compartir con mis alumnos y amigos ideas y artículos relacionadas con el mundo de la Religión, la Filosofía y la Educación.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

EL ANTIGUO TESTAMENTO EN EL EVANGELIO DE JUAN.

 

INDICE DE CITAS TEXTUALES, ALUSIONES Y PARALALISMOS VERBALES

DEL ANTIGUO TESTAMENTO PRESENTES EN EL EVANGELIO DE JUAN

(Compilado por Víctor Jofré Araya, EdM – Colegio Adventista de Copiapó)

 

CITA EN EL EVANGELIO DE JUAN

CITA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

REFERENCIA

1: 14

Isaías 60: 1, 2 (*)

“Sobre ti será vista su gloria”.

1: 17

Éxodo 31: 18; 34: 28

La Ley fue dada por medio de Moisés

1: 18

Éxodo 33:  20

“A Dios nadie le vio jamás”.

1: 21

Deuteronomio 18: 15, 18 (*)

El profeta de Jehová.

1: 23

Isaías 40: 3 (*)

Juan enviado a preparar camino para el Mesías.

1: 29, 36

Isaías 53: 6, 7 (*)

El Cordero de Dios.

1: 45

Deuteronomio 18: 15, 18 (*)

El profeta de Jehová.

1: 49

Sofonías 3: 15

El rey de Israel.

1: 51

Génesis 28: 12 (*)

La escalera de Jacob.

2: 5

Génesis 41: 55

“Haced lo que él os dijere”.

2: 13, 23

Éxodo 12: 1-27 (*)

La Fiesta de la Pascua.

2: 16, 17

Salmo 69: 9 (*)

“El celo de tu casa me consume”.

3: 14

Números 21: 9 (*)

La serpiente del desierto.

4: 5

Génesis 33: 19

Josué 24: 32

El pozo de Jacob en Siquem.

5: 1

Nehemías 3: 1, 32; 12: 39

La Puerta de las Ovejas (posible alusión a la Pascua).

5: 10

Jeremías 17: 21-23

No llevar cargas en el día de reposo.

5: 28, 29

Daniel 12: 2

Las dos resurrecciones.

5: 45

Deuteronomio 31: 25-27

Moisés y la ley son testigos contra el pueblo.

5: 46

Deuteronomio 18: 15, 18 (*)

El profeta de Jehová.

6: 4

Éxodo 12: 1-27 (*)

La Fiesta de la Pascua.

6: 14

Deuteronomio 18: 15, 18 (*)

El profeta de Jehová.

6: 31

Éxodo 16: 4 (*)

Números 11: 7-9 (*)

Nehemías 9: 15 (*)

Salmo 78: 24; 105: 40 (*)

Pan del cielo.

6: 45

Isaías 54: 13

Todos serán enseñados por Dios.

7: 2, 10, 37

Levítico 23: 34, 36

Deuteronomio 16: 13

La Fiesta de los Tabernáculos.

7: 22

Génesis 17: 10-13

Levítico 12: 3

La circuncisión fue dada por los padres.

7: 24

Levítico 19: 15

Isaías 11: 3, 4

“Juzgad con justo juicio”.

7: 38

Isaías 58: 11

Zacarías 14: 8

Ríos de agua viva.

7: 40

Deuteronomio 18: 15, 18 (*)

El profeta de Jehová.

7: 42

2 Samuel 7: 12 (*)

Miqueas 5: 2 (*)

El Mesías vendría de Belén, de David.

7: 51

Deuteronomio 1: 16, 17

Oir antes de juzgar.

8: 5

Levítico 20: 10

Deuteronomio 22: 22

“En la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres”.

8: 17

Deuteronomio 17: 6; 19: 15

“El testimonio de dos hombres es verdadero”.

8: 35

Deuteronomio 15: 23

El esclavo no queda en la casa para siempre.

8: 41

Deuteronomio 32: 6

Isaías 63: 18

“Un padre tenemos, que es Dios”.

8: 44

Génesis 3: 4

Satanás es el padre de la mentira y homicida.

8: 58

Éxodo 3: 14

“Yo soy”.

9: 31

Salmo 66: 18

Proverbios 15: 29

Dios no escucha a los pecadores.

10: 7, 9

Salmo 118: 20

La puerta de Jehová.

10: 11-15

Salmo 23: 1

Isaías 40: 10, 11

Ezequiel 34: 11-16, 23; 37: 24

El pastor de Israel.

10: 16

Isaías 56: 8

Ezequiel 34: 23

“Habrá un rebaño, y un pastor”.

10: 22

1 Macabeos 4: 56-59 (**)

2 Macabeos 10: 6-8 (**)

La Fiesta de la Dedicación.

10: 33

Levítico 24: 16

La blasfemia contra el Nombre.

10: 34

Salmo 82: 6

“Dioses sois”.

11: 23ss

Daniel 12: 2

Las dos resurrecciones.

11: 55

Éxodo 12: 1-27 (*)

La Fiesta de la Pascua.

12: 1

Éxodo 12: 1-27 (*)

La Fiesta de la Pascua.

12: 8

Deuteronomio 15: 11

“No faltarán menesterosos en medio de la tierra”.

12: 13

Salmo 118: 25-26 (*)

“Hosana”

12: 15

Zacarías 9: 9 (*)

Montado en un pollino.

12: 27

Salmo 6: 3 (*)

“Ahora está turbada mi alma”.

12: 34

Daniel 7: 14 (*)

El Hijo del Hombre.

12: 34

Salmo 89: 3, 4, 35-37 (*)

Isaías 9: 7 (*)

Daniel 7: 13, 14 (*)

El Cristo permanece para siempre.

12: 38

Isaías 53: 1

¿Quién ha creído a nuestro anuncio?”

12: 40, 41

Isaías 6: 1-10

Isaías vio la gloria del Señor.

13: 1

Éxodo 12: 1-27 (*)

La Fiesta de la Pascua

13: 18

Salmo 41: 9; 55: 12 – 14; 109: 1-5 (*)

El Mesías fue traicionado por un amigo.

15: 25

Salmo 35: 19; 69: 4 (*)

Enemigos sin causa.

16: 32

Zacarías 13: 7

Las ovejas serán dispersas.

17: 12

Salmo 41: 9; 55: 12 – 14; 109: 1-5 (*)

El Mesías fue traicionado por un amigo.

18: 28, 39

Éxodo 12: 1-27 (*)

La Fiesta de la Pascua.

19: 7

Levítico 24: 16

La blasfemia contra el Nombre.

19: 14, 31, 42

Éxodo 12: 1-27 (*)

La Fiesta de la Pascua.

19: 24

Salmo 22: 18 (*)

Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes

19: 28, 29

Salmo 22: 15; 69: 21 (*)

“Tengo sed”.

19: 31

Deuteronomio 21: 22, 23 (*)

No dejar cuerpo colgado en un madero.

19: 36

Éxodo 12: 46 (*)

Números 9: 12 (*)

Salmo 34: 19, 20 (*)

“No quebrarás hueso suyo”.

19: 37

Zacarías 12: 10 (*)

“Mirarán a mí, a quien traspasaron”

20: 9

Salmo 16: 10 (*)

“No dejarás mi alma en el Seol”.

           

(*) Se refieren a profecías mesiánicas.

(**) La referencia a esta festividad judía no se encuentra en los libros canónicos del Antiguo Testamento, pero sí en 1 y 2 de Macabeos. Fue una celebración que surgió en el período intertestamentario.

viernes, 18 de agosto de 2023

miércoles, 21 de diciembre de 2022

EL ÁRBOL DE LA VIDA

EL ÁRBOL DE LA VIDA 

Selección de escritos del Espíritu de Profecía sobre el “árbol de la vida” en el Edén perdido y en el Edén restaurado. 

En el Edén perdido 

“Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2: 9). 

La tierra estaba revestida de hermoso verdor, mientras miríadas de fragantes flores de toda especie y todo matiz crecían a su alrededor en abundante profusión. Todo estaba dispuesto con buen gusto y magnificencia. En el centro del huerto se alzaba el árbol de la vida cuya gloria superaba a la de todos los demás. Sus frutos parecían manzanas de oro y plata, y servían para perpetuar la inmortalidad. Las hojas tenían propiedades medicinales (La Historia de la Redención, cap. 2, pág. 22). 

El fruto del árbol de la vida en el jardín el Edén poseía una virtud sobrenatural. Comer de él era vivir para siempre. Su fruto era el antídoto de la muerte. Sus hojas eran para sostener la vida y la inmortalidad. Pero a causa de la desobediencia del hombre, la muerte entró en el mundo (El Ministerio Médico, pág. 307). 

“Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre… Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3: 22, 24). 

Se les informó que debían salir de su hogar edénico. Habían cedido ante los engaños de Satanás y habían creído sus afirmaciones de que Dios mentía. Mediante su transgresión habían abierto la puerta para que Satanás tuviera fácil acceso a ellos, y ya no era seguro que permanecieran en el Jardín del Edén, no fuera que en su condición pecaminosa tuvieran acceso al árbol de la vida y perpetuaran así una vida de pecado (La Historia de la Redención, cap. 4, pág. 42). 

En medio del Edén crecía el árbol de la vida, cuyo fruto tenía el poder de perpetuar la vida. Si Adán hubiese permanecido obediente a Dios, habría seguido gozando de libre acceso a aquel árbol y habría vivido eternamente. Pero en cuanto hubo pecado, quedó privado de comer del árbol de la vida y sujeto a la muerte. La sentencia divina: “Polvo eres, y al polvo serás tornado,” entraña la extinción completa de la vida. 
La inmortalidad prometida al hombre a condición de que obedeciera, se había perdido por la transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no poseía; y no habría quedado esperanza para la raza caída, si Dios, por el sacrificio de su Hijo, no hubiese puesto la inmortalidad a su alcance. Como “la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron,” Cristo “sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (Romanos 5: 12; 2 Timoteo 1: 10). Y sólo por Cristo puede obtenerse la inmortalidad… 
El único que prometió a Adán la vida en la desobediencia fue el gran seductor. Y la declaración de la serpiente a Eva en Edén —“De seguro que no moriréis”— fue el primer sermón que haya sido jamás predicado sobre la inmortalidad del alma… 
Si al hombre, después de su caída, se le hubiese permitido tener libre acceso al árbol de la vida, habría vivido para siempre, y así el pecado se habría inmortalizado. Pero un querubín y una espada que arrojaba llamas guardaban “el camino del árbol de la vida” (Génesis 3: 24), y a ningún miembro de la familia de Adán le ha sido permitido salvar esta raya y participar de esa fruta de la vida. Por consiguiente, no hay ni un solo pecador inmortal (El Conflicto de los siglos, cap. 34, pág. 523). 

Entonces informó a la hueste angélica que se había encontrado una vía de escape para el hombre perdido. Les dijo que había suplicado a su Padre, y que había ofrecido su vida en rescate, para que la sentencia de muerte recayera sobre él, para que por su intermedio el hombre pudiera encontrar perdón; para que por los méritos de su sangre, y como resultado de su obediencia a la ley de Dios, el hombre pudiera gozar del favor del Señor, volver al hermoso jardín y comer del fruto del árbol de la vida (La Historia de la Redención, cap. 5, pág. 43). 

En el Edén restaurado 

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios (Apocalipsis 2: 7). 

“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22: 2). 

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad” (Apocalipsis 22: 14). 

La participación del árbol de la vida en el Edén era condicional, y finalmente fue suprimida. Pero los dones de la vida futura son absolutos y eternos (La Educación, cap. 35, pág. 272). 

El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después que el hombre fuera expulsado de sus agradables senderos. Durante mucho tiempo después, se le permitió a la raza caída contemplar de lejos el hogar de la inocencia, cuya entrada estaba vedada por los vigilantes ángeles. En la puerta del paraíso, custodiada por querubines, se revelaba la gloria divina. Allí iban Adán y sus hijos a adorar a Dios. Allí renovaban sus votos de obediencia a aquella ley cuya transgresión los había arrojado del Edén. Cuando la ola de iniquidad cubrió al mundo, y la maldad de los hombres trajo su destrucción por medio del diluvio, la mano que había plantado el Edén lo quitó de la tierra. Pero en la restitución final, cuando haya “un cielo nuevo, y una tierra nueva” (Apocalipsis 21: 1), será restaurado y más gloriosamente embellecido que al principio. 
Entonces los que hayan guardado los mandamientos de Dios respirarán llenos de inmortal vigor bajo el árbol de la vida; y al través de las edades sin fin los habitantes de los mundos sin pecado contemplarán en aquel huerto de delicias un modelo de la perfecta obra de la creación de Dios, incólume de la maldición del pecado, una muestra de lo que toda la tierra habría llegado a ser si el hombre hubiera cumplido el glorioso plan de Dios (Patriarcas y Profetas, cap. 3, pág. 41). 

Todos salen de sus tumbas de igual estatura que cuando en ellas fueran depositados. Adán, que se encuentra entre la multitud resucitada, es de soberbia altura y formas majestuosas, de porte poco inferior al del Hijo de Dios. Presenta un contraste notable con los hombres de las generaciones posteriores; en este respecto se nota la gran degeneración de la raza humana. Pero todos se levantan con la lozanía y el vigor de eterna juventud. Al principio, el hombre fue creado a la semejanza de Dios, no sólo en carácter, sino también en lo que se refiere a la forma y a la fisonomía. El pecado borró e hizo desaparecer casi por completo la imagen divina; pero Cristo vino a restaurar lo que se había malogrado. El transformará nuestros cuerpos viles y los hará semejantes a la imagen de su cuerpo glorioso. La forma mortal y corruptible, desprovista de gracia, manchada en otro tiempo por el pecado, se vuelve perfecta, hermosa e inmortal. Todas las imperfecciones y deformidades quedan en la tumba. Reintegrados en su derecho al árbol de la vida, en el desde tanto tiempo perdido Edén, los redimidos crecerán hasta alcanzar la estatura perfecta de la raza humana en su gloria primitiva (El Conflicto de los siglos, cap. 41, pág. 627). 

Después de su expulsión del Edén, la vida de Adán en la tierra estuvo llena de pesar… El Hijo de Dios reparó la culpa y caída del hombre, y ahora, merced a la obra de propiciación, Adán es restablecido a su primitiva soberanía. 

Transportado de dicha, contempla los árboles que hicieron una vez su delicia, los mismos árboles cuyos frutos recogiera en los días de su inocencia y dicha. Ve las vides que sus propias manos cultivaron, las mismas flores que se gozaba en cuidar en otros tiempos. Su espíritu abarca toda la escena; comprende que este es en verdad el Edén restaurado y que es mucho más hermoso ahora que cuando él fue expulsado. El Salvador le lleva al árbol de la vida, toma su fruto glorioso y se lo ofrece para comer. Adán mira en torno suyo y nota a una multitud de los redimidos de su familia que se encuentra en el paraíso de Dios. Entonces arroja su brillante corona a los pies de Jesús, y, cayendo sobre su pecho, abraza al Redentor (El Conflicto de los siglos, cap. 41, pág. 629, 630). 

Vi luego que Jesús conducía a su pueblo al árbol de la vida, y nuevamente oímos que su hermosa voz, más sonora que cualquier música escuchada alguna vez por oídos mortales, decía entonces: “Las hojas de este árbol son para la sanidad de las naciones. Comed todos de él”. En el árbol de la vida había hermosísimos frutos, de los cuales los santos podían servirse libremente. En la ciudad había un trono sumamente glorioso, del que manaba un río puro de agua viva, clara como el cristal. A cada lado del río estaba el árbol de la vida, y en las márgenes había otros hermosos árboles que daban frutos buenos para comer (La Historia de la Redención, cap. 62, pág. 434). 

Vi una mesa de plata pura, de muchos kilómetros de longitud, y sin embargo nuestra vista la abarcaba toda. Vi el fruto del árbol de la vida, el maná, almendras, higos, granadas, uvas y muchas otras especies de frutas. Le rogué a Jesús que me permitiese comer del fruto y respondió: “Todavía no. Quienes comen del fruto de este lugar ya no vuelven a la tierra. Pero si eres fiel, no tardarás en comer del fruto del árbol de la vida y beber del agua del manantial” (Primeros Escritos, p. 19). 

Prof. Víctor Jofré Araya, EdM 
Colegio Adventista de Copiapó, noviembre de 2022