Víctor A. Jofré Araya
Magíster (C) en Educación Religiosa
OBJETIVOS FUNDAMENTALES:
Los alumnos (as) serán capaces de:
1. Entender al ser humano como un sujeto que piensa, aprende, percibe, siente, actúa e interactúa con otros.
2. Comprender procesos psicológicos básicos que subyacen al comportamiento humano, aplicándolos a la comprensión de su propia experiencia.
3. Comprender las emociones y vínculos afectivos con los demás.
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“El fruto del Espíritu es… dominio propio”
(Gálatas 5: 22, 23, NVI).
“Como ciudad sin muro y expuesta al peligro,
así es quien no sabe dominar sus impulsos”
(Proverbios 25: 28, DHH).
“Cualquiera puede ponerse furioso… eso es
fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta,
en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no
es fácil” (Aristóteles, Ética a Nicómaco).
Ponga atención a lo siguiente:
- En
una escuela, un niño de nueve años arroja pintura sobre los computadores
del taller de Informática. El motivo: algunos compañeros le llamaron bebé
y quiso “impresionarlos”.
- Ocho
adolescentes se enfrentan a tiros en su barrio. El motivo: un chico chocó
involuntariamente contra el hombro de otro al cruzarse por la calle.
- En
Estados Unidos, el 75% de los menores asesinados mueren en manos de sus
padres o padrastros. El motivo: “me tapas el televisor”, “lloras mucho” o “mojas la cama”.
- Un
joven italiano de 16 años apuñala en el cuello a su padre con un cuchillo.
El motivo: no estaba conforme por algunos consejos acerca de un juego de
PlayStation.
¿Qué les faltó a estas personas? Simple. Les faltó inteligencia
emocional. Les faltó ser emocionalmente inteligentes. Les faltó dominio propio,
autodominio, autodisciplina. Les faltó autocontrol.
¿Qué es el autocontrol?
En la actualidad muchas personas viven controladas
por sus emociones y sentimientos. Dios nos hizo con la habilidad de pensar y
sentir. Aunque ambas cosas son importantes en la vida, a veces puede resultar
difícil manejar los sentimientos. A menudo tratan de convencernos de seguir el
camino fácil, de ser perezosos e indisciplinados en nuestras vidas, de hacer
sólo aquello para lo cual tenemos ganas. Dios nos dio la habilidad de pensar,
para decidir lo que es mejor o lo que es correcto y que podamos hacerlo.
Sin embargo, lo correcto no es siempre lo más
fácil. Nuestros hijos podrán ser intelectualmente competentes, pero a menos que
aprendan a tener más dominio propio, es decir, a controlar y expresar en forma
adecuada sus emociones, su inteligencia no les servirá de mucho en el mundo
real. “El niño debe aprender a controlarse a sí mismo”.[2]
El autodominio, es decir, la capacidad de soportar
las tormentas emocionales a las que nos someten los embates de la vida en lugar
de ser “esclavos de la pasión”, ha sido elogiado como virtud desde tiempos antiguos.
En otras palabras, el autocontrol es la capacidad de pensar antes de actuar. Cuando
actuamos sin autodominio, actuamos sin pensar en las consecuencias. El dominio
propio es un rasgo del carácter que Dios desea para cada uno. Desea ayudarnos a
tener autocontrol para tener vidas rectas y piadosas, no controladas por las
pasiones, sino por nuestro compromiso de vivir a la manera de Dios.
Según la psicóloga chilena Amanda Céspedes,
nuestras emociones construyen en nuestro interior un complejo mundo psíquico
que se expresa en conductas. Por lo tanto, los desafíos intelectuales y sociales
exigen mantener a raya las emociones. La ausencia de autocontrol determina
conductas reactivas, mientras que su desarrollo garantiza una conducta
progresivamente más autorregulada, al servicio de la adaptación.[3]
El sabio Salomón lo dijo de la siguiente
manera: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento”. “El que controla
sus emociones es más fuerte que el que toma una ciudad” (Proverbios 14: 29; 16:
32). “Mantener bajo control nuestras emociones perturbadoras es la clave para
el bienestar emocional”.[4]
En
un estudio hecho entre jóvenes y adolescentes chilenos se concluyó que aquellos
cuyas familias mostraban reglas claras, mantenían valores religiosos y
espirituales, tenían responsabilidades dentro de la casa y un uso restringido
de su libertad, mantenían un mejor equilibrio entre sus emociones y sus acciones.[5]
Otros estudios indican que niños auto-controlados son emocionalmente más
estables y menos irritables, mejoran el éxito escolar, son más queridos por sus
profesores y compañeros de escuela y persiguen sus metas hasta alcanzarlas.[6]
Es decir, una sana disciplina en el
hogar y en el colegio resulta en un mayor y mejor autodominio. Después de todo,
“la meta fundamental de la disciplina es resolver el conflicto inminente y
enseñarles autodisciplina a los niños”.[7]
Cuando
los niños tienen dominio propio se propician interacciones familiares y
escolares creativas, agradables y felices. Enseñarles a
nuestros hijos a lidiar con sus sentimientos en una manera positiva sin hacer
rabietas, morder o golpear a las personas es una de las tareas más importantes
de la educación en el hogar y en la escuela. Si vemos los momentos de mal
comportamiento de los niños como oportunidades para enseñarles el autodominio,
les podemos ayudar a crecer. Esto implica autodominio por parte de padres y
educadores. Hogares y escuelas donde se han implantado normas básicas, hábitos
y rutinas propenden a mejorar la madurez emocional de los niños y jóvenes.[8]
Cómo enseñar dominio propio
¿Cómo los padres y maestros pueden estimular el
autocontrol?[9]
- El
niño debe crecer mientras disminuye el control de los padres.
- Se
debe enseñar libertad con responsabilidad.
- No
perturbarse fácilmente por las conductas impulsivas de los niños. La guía
tranquila y ejemplar es de mucha ayuda.
- No
desatender a los niños impulsivos, pues el sueño, el hambre y el cansancio
tienden a descontrolarlos.
- Pedir
ayuda humana y divina pidiendo sabiduría en caso de no poder manejar
ciertas situaciones.
- “No
les des a tus hijos demasiado, demasiado pronto y demasiado fácil”.[10]
- “No
les deis ninguna cosa que pidan llorando, aun cuando vuestro corazón
compasivo desee mucho complacerlos; porque si una vez ganan la victoria
incesante el llanto, esperarán hacerlo una vez más. La segunda vez la batalla será más vehemente”.[11]
Resultados del dominio propio
¿Cómo se comporta una persona emocionalmente
estable, que ejerce autocontrol?[12]
- Puede
controlar una situación con calma. Controla sus sentimientos, no grita ni
se enoja cuando lo molestan.
- Come
sólo lo que es bueno para su salud. Sabe decir no ante lo perjudicial.
- Es
organizado en su vida y sus quehaceres. No posterga lo que tiene
planificado.
- Espera
para conseguir lo que quiere y necesita. Sabe que es mejor esperar. No
pide cosas innecesarias.
- Sigue
fácilmente las instrucciones de sus padres, profesores, jefes,
entrenadores, etc.
- No
compra en forma impulsiva. Compra sólo si lo necesita y sólo si puede
pagarlo.
- Es
cuidadoso con su vida sexual. Si es soltero, conserva su virginidad. Si es
casado, se mantiene fiel.
- Es
respetuoso con sus amistades en cuanto a sus sentimientos, sueños,
creencias y aspiraciones.
- Considera
que aún las cosas buenas pueden ser llevadas a extremos peligrosos.
Practica la moderación.
El ejemplo de Jesús
El dominio propio es la mayor evidencia de nobleza
en una persona. En esto debemos imitar el ejemplo de Jesús: cuando lo maldecían
e insultaban se encomendaba a Dios en silencio y sin quejas; las más crueles humillaciones
y burlas no provocaron en él una mirada o una palabra de impaciencia; en su mente
no había lugar para la venganza; jamás manifestó murmuración, descontento,
disgusto o resentimiento; nunca se descorazonó, se desanimó o se enfureció; era
paciente y realizaba todas sus tareas con una tranquila dignidad y con
suavidad, sin importar qué conmoción se pudiera estar produciendo a su
alrededor. Jesús “estaba por encima de las pasiones humanas, los disturbios y
las pruebas”.[13]
Como padres y educadores deberíamos estar empeñados
en formar a jóvenes y señoritas capaces de dominarse a sí mismos,
autocontrolados, y permitir que sus potencialidades sean desarrolladas y usadas
al máximo y sabiamente de tal forma que les permitan cumplir sus aspiraciones.
No debemos olvidar que “el que se deja dominar por sus pasiones es un hombre débil.
La verdadera grandeza de un hombre se mide por el poder de las emociones que él
domina, y no por las que le dominan a él”.[14]
[1] Víctor Jofré Araya,
Teólogo Bíblico y Magíster © en Educación
Religiosa. Actualmente se desempeña como Inspector General en el Colegio Adventista de Arica, Chile.
[2] Elena G. de White, La conducción del niño, p. 39.
[3] Amanda Céspedes, Educar las emociones.
Educar para la vida, pp. 19, 44.
[4] Daniel Goleman, La inteligencia
emocional, p. 78
[5] Pilar Sordo, ¡Viva la diferencia!,
p. 141.
[6] Kay Kuzma, Los primeros 7 años, p. 185.
[7] ________, Obediencia fácil, p. 25.
[8] Amanda Céspedes, Niños con pataleta, adolescentes desafiantes, p. 108.
[9] Kay Kuzma, Los primeros 7 años, p. 187.
[10] Donna J. Habenicht, Diez valores
cristianos que todo niño debería conocer, p. 188.
[11] Elena G. de White, Manuscrito 43, 1900.
[12] Habenicht, op. cit., pp. 181, 182.
[13] Elena G. de White, Cada día con Dios, p. 264.
[14] ________, Patriarcas y Profetas, p. 613.

