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Este blog tiene como propósito compartir con mis alumnos y amigos ideas y artículos relacionadas con el mundo de la Religión, la Psicología, la Filosofía y la Educación.

viernes, 6 de abril de 2012

Inteligencia emocional


Jesús y la inteligencia emocional:

Cómo mantener el autocontrol.[1]


“El fruto del Espíritu es… dominio propio” (Gálatas 5: 22, 23, NVI).

“Como ciudad sin muro y expuesta al peligro, así es quien no sabe dominar sus impulsos”

(Proverbios 25: 28, DHH).

“Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil” (Aristóteles, Ética a Nicómaco).



Ponga atención a lo siguiente:

  • En una escuela, un niño de nueve años arroja pintura sobre los computadores del taller de Informática. El motivo: algunos compañeros le llamaron bebé y quiso “impresionarlos”.

  • Ocho adolescentes se enfrentan a tiros en su barrio. El motivo: un chico chocó involuntariamente contra el hombro de otro al cruzarse por la calle.

  • En Estados Unidos, el 75% de los menores asesinados mueren en manos de sus padres o padrastros. El motivo: “me tapas el televisor”, “lloras mucho” o “mojas la cama”.

  • Un joven italiano de 16 años apuñala en el cuello a su padre con un cuchillo. El motivo: no estaba conforme por algunos consejos acerca de un juego de PlayStation.

¿Qué les faltó a estas personas? Simple. Les faltó inteligencia emocional. Les faltó ser emocionalmente inteligentes. Les faltó dominio propio, autodominio, autodisciplina. Les faltó autocontrol.

¿Qué es el autocontrol?

En la actualidad muchas personas viven controladas por sus emociones y sentimientos. Dios nos hizo con la habilidad de pensar y sentir. Aunque ambas cosas son importantes en la vida, a veces puede resultar difícil manejar los sentimientos. A menudo tratan de convencernos de seguir el camino fácil, de ser perezosos e indisciplinados en nuestras vidas, de hacer sólo aquello para lo cual tenemos ganas. Dios nos dio la habilidad de pensar, para decidir lo que es mejor o lo que es correcto y que podamos hacerlo.

Sin embargo, lo correcto no es siempre lo más fácil. Nuestros hijos podrán ser intelectualmente competentes, pero a menos que aprendan a tener más dominio propio, es decir, a controlar y expresar en forma adecuada sus emociones, su inteligencia no les servirá de mucho en el mundo real. “El niño debe aprender a controlarse a sí mismo”.[2]

El autodominio, es decir, la capacidad de soportar las tormentas emocionales a las que nos someten los embates de la vida en lugar de ser “esclavos de la pasión”, ha sido elogiado como virtud desde tiempos antiguos. En otras palabras, el autocontrol es la capacidad de pensar antes de actuar. Cuando actuamos sin autodominio, actuamos sin pensar en las consecuencias. El dominio propio es un rasgo del carácter que Dios desea para cada uno. Desea ayudarnos a tener autocontrol para tener vidas rectas y piadosas, no controladas por las pasiones, sino por nuestro compromiso de vivir a la manera de Dios.

Según la psicóloga chilena Amanda Céspedes, nuestras emociones construyen en nuestro interior un complejo mundo psíquico que se expresa en conductas. Por lo tanto, los desafíos intelectuales y sociales exigen mantener a raya las emociones. La ausencia de autocontrol determina conductas reactivas, mientras que su desarrollo garantiza una conducta progresivamente más autorregulada, al servicio de la adaptación.[3]  El sabio Salomón lo dijo de la siguiente manera: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento”. “El que controla sus emociones es más fuerte que el que toma una ciudad” (Proverbios 14: 29; 16: 32). “Mantener bajo control nuestras emociones perturbadoras es la clave para el bienestar emocional”.[4]

En un estudio hecho entre jóvenes y adolescentes chilenos se concluyó que aquellos cuyas familias mostraban reglas claras, mantenían valores religiosos y espirituales, tenían responsabilidades dentro de la casa y un uso restringido de su libertad, mantenían un mejor equilibrio entre sus emociones y sus acciones.[5] Otros estudios indican que niños auto-controlados son emocionalmente más estables y menos irritables, mejoran el éxito escolar, son más queridos por sus profesores y compañeros de escuela y persiguen sus metas hasta alcanzarlas.[6]  Es decir, una sana disciplina en el hogar y en el colegio resulta en un mayor y mejor autodominio. Después de todo, “la meta fundamental de la disciplina es resolver el conflicto inminente y enseñarles autodisciplina a los niños”.[7]

Cuando los niños tienen dominio propio se propician interacciones familiares y escolares creativas, agradables y felices. Enseñarles a nuestros hijos a lidiar con sus sentimientos en una manera positiva sin hacer rabietas, morder o golpear a las personas es una de las tareas más importantes de la educación en el hogar y en la escuela. Si vemos los momentos de mal comportamiento de los niños como oportunidades para enseñarles el autodominio, les podemos ayudar a crecer. Esto implica autodominio por parte de padres y educadores. Hogares y escuelas donde se han implantado normas básicas, hábitos y rutinas propenden a mejorar la madurez emocional de los niños y jóvenes.[8]

Cómo enseñar dominio propio

¿Cómo los padres y maestros pueden estimular el autocontrol?[9]

  • El niño debe crecer mientras disminuye el control de los padres.

  • Se debe enseñar libertad con responsabilidad.

  • No perturbarse fácilmente por las conductas impulsivas de los niños. La guía tranquila y ejemplar es de mucha ayuda.

  • No desatender a los niños impulsivos, pues el sueño, el hambre y el cansancio tienden a descontrolarlos.

  • Pedir ayuda humana y divina pidiendo sabiduría en caso de no poder manejar ciertas situaciones.

  • “No les des a tus hijos demasiado, demasiado pronto y demasiado fácil”.[10]

  • “No les deis ninguna cosa que pidan llorando, aun cuando vuestro corazón compasivo desee mucho complacerlos; porque si una vez ganan la victoria incesante el llanto, esperarán hacerlo una vez más.  La segunda vez la batalla será más vehemente”.[11]

Resultados del dominio propio

¿Cómo se comporta una persona emocionalmente estable, que ejerce autocontrol?[12]

  • Puede controlar una situación con calma. Controla sus sentimientos, no grita ni se enoja cuando lo molestan.

  • Come sólo lo que es bueno para su salud. Sabe decir no ante lo perjudicial.

  • Es organizado en su vida y sus quehaceres. No posterga lo que tiene planificado.

  • Espera para conseguir lo que quiere y necesita. Sabe que es mejor esperar. No pide cosas innecesarias.

  • Sigue fácilmente las instrucciones de sus padres, profesores, jefes, entrenadores, etc.

  • No compra en forma impulsiva. Compra sólo si lo necesita y sólo si puede pagarlo.

  • Es cuidadoso con su vida sexual. Si es soltero, conserva su virginidad. Si es casado, se mantiene fiel.

  • Es respetuoso con sus amistades en cuanto a sus sentimientos, sueños, creencias y aspiraciones.

  • Considera que aún las cosas buenas pueden ser llevadas a extremos peligrosos. Practica la moderación.

El ejemplo de Jesús

El dominio propio es la mayor evidencia de nobleza en una persona. En esto debemos imitar el ejemplo de Jesús: cuando lo maldecían e insultaban se encomendaba a Dios en silencio y sin quejas; las más crueles humillaciones y burlas no provocaron en él una mirada o una palabra de impaciencia; en su mente no había lugar para la venganza; jamás manifestó murmuración, descontento, disgusto o resentimiento; nunca se descorazonó, se desanimó o se enfureció; era paciente y realizaba todas sus tareas con una tranquila dignidad y con suavidad, sin importar qué conmoción se pudiera estar produciendo a su alrededor. Jesús “estaba por encima de las pasiones humanas, los disturbios y las pruebas”.[13]

Como padres y educadores deberíamos estar empeñados en formar a jóvenes y señoritas capaces de dominarse a sí mismos, autocontrolados, y permitir que sus potencialidades sean desarrolladas y usadas al máximo y sabiamente de tal forma que les permitan cumplir sus aspiraciones. No debemos olvidar que “el que se deja dominar por sus pasiones es un hombre débil. La verdadera grandeza de un hombre se mide por el poder de las emociones que él domina, y no por las que le dominan a él”.[14]



[1] Víctor Jofré Araya, Teólogo Bíblico y Magíster © en Educación Religiosa. Actualmente se desempeña como Inspector General en el Colegio Adventista de Arica, Chile.
[2] Elena G. de White, La conducción del niño, p. 39.
[3] Amanda Céspedes, Educar las emociones. Educar para la vida, pp. 19, 44.
[4] Daniel Goleman, La inteligencia emocional, p. 78
[5] Pilar Sordo, ¡Viva la diferencia!, p. 141.
[6] Kay Kuzma, Los primeros 7 años, p. 185.
[7] ________, Obediencia fácil, p. 25.
[8] Amanda Céspedes, Niños con pataleta, adolescentes desafiantes, p. 108.
[9] Kay Kuzma, Los primeros 7 años, p. 187.
[10] Donna J. Habenicht, Diez valores cristianos que todo niño debería conocer, p. 188.
[11] Elena G. de White, Manuscrito 43, 1900.
[12] Habenicht, op. cit., pp. 181, 182.
[13] Elena G. de White, Cada día con Dios, p. 264.
[14] ________, Patriarcas y Profetas, p. 613.
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