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domingo, 26 de febrero de 2012

Ética y plagio académico


Ética y plagio académico.
Introducción
Cometer plagio es copiar en lo sustancial una idea o una obra de otro autor, presentándolas como si fueran propias (Real Academia Española, 2012; Farlex Inc., 2012). La acción deriva de una antigua costumbre romana que consistía en comprar a un hombre libre y retenerlo en servidumbre o utilizar un siervo ajeno como si fuera propio (Historia del plagio, s/f; Origen de las palabras, 2012). En los ámbitos académicos contemporáneos, ya sean éstos escolares o universitarios, el plagio se ha convertido en una preocupación mundial (Sifontes Greco, 2007) y el número de académicos y profesionales que se oponen a esta práctica, a viva voz o por los medios, va en aumento. Se la considera “poco ética”, “vergonzosa” (Astudillo Gómez, 2006, p. 242) e, incluso, como “una plaga” (Barcat, 2008, p. 387). Por otro lado, hay quienes sostienen que el plagio no existe o que toda obra intelectual es plagio (Historia del plagio, s/f). Es decir, para algunos no existe la originalidad pura.
El presente ensayo se escribe como requisito de la Clase Academic Writting del Magíster en Educación Religiosa con el propósito de mostrar los alcances éticos del plagio académico. Está dividido en tres partes: (1) Se presenta una muy breve reseña del plagio en la Historia. (2) Se exponen situaciones en que los estudiantes se ven expuestos al plagio en el área educativa/académica y su relación con el robo y la mentira. Y, (3) dado los antecedentes, se debate en torno a la existencia del plagio y se reflexiona en las implicancias éticas y educativas del plagio académico.
Plagio en la Historia
En la Antigüedad no se concedía la debida estima a la creación original, aunque es posible encontrar algunas acusaciones de plagio entre pensadores griegos (Aristófanes acusaba a Eurípides, Demóstenes a Iseo, Heráclito a Pitágoras, Homero a Virgilio). Pero, aunque Séneca permitía la re-escritura como el método ideal de formación del futuro letrado, esta práctica no tenía mayor trascendencia. A lo más se le consideraba “no del todo limpio”, pero, en ningún caso, “ilícito” (Historia del plagio, s/f). Un ejemplo de lo anterior es lo escrito por Marco Valerio Marcial a un plagiario suyo:
“Corre el rumor, Fidentino, de que recitas en público mis versos, como si fueras tú su autor. Si quieres que pasen por míos, te los mando gratis. Si quieres que los tengan por tuyos, cómpralos, para que dejen de pertenecerme”  (Marcial, A Fidentino el Plagiario, citado en Historia del plagio, s/f).
Ética y plagio académico
¿Cómo podría caracterizarse el plagio académico? ¿Fraude, robo o ambos? En el s. V a. C., para un concurso de poesía, varios presentaron como propias algunas obras antiguas existentes en la Biblioteca de Alejandría. Al ser descubiertos, se les tildó de ladrones (Irribare y Retondo, 1981, citado por Girón Castro, 2008b). Ellos entendieron plagiar como sinónimo de robar, tal como Marcial.
Actualmente se considera que el plagio puede ser tanto deliberado como inconsciente (Núñez Molina, 2008). Se considera inconsciente por falta de conocimiento de lo que constituye un plagio o por descuido en las citas. En cambio, hay plagio deliberado cuando se compra, se roba o se toma prestado un trabajo redactado por otra persona para hacerlo pasar como propio (fraude); cuando se le paga a otro para que escriba un trabajo que se hará pasar como propio (fraude); o cuando se copian adrede las palabras o ideas de otros, sin darle crédito, para hacerlas pasar como propias (robo). Bien se ha dicho:
Plagiar conlleva dos clases de delitos. En primer lugar, usar ideas, información o expresiones de otra persona sin darle el debido reconocimiento (esto constituye robo de propiedad intelectual). Hacer pasar las ideas, información o expresiones de otra persona como si fueran propias para obtener buenas calificaciones u otras ventajas (esto constituye fraude) (Gibaldi, s/f, citado por Girón Castro, 2008a).
En el Decálogo se condena tanto el fraude como el robo. “No hurtarás”, dice el octavo mandamiento y “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”, reza el noveno (Éxodo 20: 15, 16. RVR60). El sabio Salomón enumera siete cosas que Jehová aborrece. Entre ellos menciona: la “lengua mentirosa” y “el testigo falso que habla mentiras” (Proverbios 6: 16-19. RVR60). Jesús cuestionó la conducta de un joven diciéndole: “Los mandamientos sabes: […] No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes” (Mateo 19: 17, 18. RVR60). En la Tierra Nueva no entrará “aquel que ama y hace mentira” (Apocalipsis 22: 15; cf. 21: 8. RVR60). Al parecer, teológica y socialmente, estas dos faltas, el robo y la mentira, parecieran estar en la base de lo que consideramos plagio académico y constituyen piezas básicas en la promoción de la convivencia y remedio para tantos otros males asociados. “Esas conductas de aparentemente bajo impacto son las piezas que construyen las bases de la convivencia, y en la medida en que el irrespeto, la atribución indebida y el abuso se consideren ‘normales’ continuaremos generando caos y desasosiego colectivo” (Sifontes Greco, 2007, p. 118).
En la novela La conferencia. El plagio sostenible de Pepe Monteserín, el narrador intenta demostrar que todo está ya dicho, “que toda la literatura es plagio” (citado en Historia del plagio, s/f). Basados en esta convicción, algunos argumentan que el conocimiento es universal y que éste se va construyendo en comunidad. Nadie, por tanto, es dueño de una idea o del conocimiento puro. La originalidad no existe. “La originalidad absoluta no parece ser una opción para la producción del conocimiento […] Todos estamos construidos por procesos de retazos de lecturas, influencias, conocimientos comunes” (Sifontes Greco, 2007, p. 120). El Predicador escribió:
¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido (Eclesiastés 1: 9, 10. RVR60).
Aún así, Sifontes Greco (2007) reconoce que “la comprensión de ésta [realidad] no nos exime del respeto a los méritos intelectuales de los otros ni de la responsabilidad de nuestras propias ideas, teorías o propuestas […] Hay un ‘sentido común’ en materia de ética que nos lleva a una lógica de ‘no apropiarse de lo ajeno’” (p. 119, 120). En otras palabras, debemos ser pensadores y no simples imitadores de los pensamientos de otros.  Elena G. de White escribió:
Cada ser humano creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer […] La obra de la verdadera educación consiste en desarrollar esta facultad, en educar a los jóvenes para que sean pensadores y no meros reflectores de los pensamientos de otros hombres (White, 1995, p. 57).
Existe en este respecto un concepto mucho más profundo aún: la identidad de nuestro propio pensamiento (Sifontes Greco, 2007). Este debe ser mantenido íntegro por quien se precie de estudiante o estudioso, de quien ejerce el aprendizaje o de quien lo promueve.
Conclusiones
Queda claro que el plagio es una acción deshonesta que implica tanto el robo como la mentira. Ambos son antivalores que tanto la ética bíblica-cristiana como la ética académica combaten y condenan con tesón. Ahora bien, aunque muchos defienden el plagio considerando que el conocimiento es universal y que plagio ha habido siempre a través de la Historia, es cierto también que el mérito intelectual debe ser reconocido. Como educadores y estudiantes cristianos debemos estar concientes que formamos pensadores y no solamente personas que reflejen el pensamiento o las ideas de otros. Es decir nuestra formación debe tender a la originalidad del pensamiento.
Aunque, según algunos, sólo “el tiempo dirá si son los partidarios o los detractores del plagio los que tienen la última palabra” (Historia del plagio, s/f), se entiende que el plagio académico es una práctica poco ética, tendiente a minorizar la capacidad de creación de los estudiantes y a limitar su originalidad. No debemos olvidar que tanto la capacidad de crear como de pensar son cualidades que compartimos con Dios, nuestro Creador, por cuanto llevamos su imagen (Génesis 1: 27. RVR60).
Referencias
Astudillo Gómez, F. (2006). El plagio intelectual. En Revista Propiedad Intelectual, 5 (8-9), 242-270. Disponible en http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/ 28846/1/articulo7.pdf
Barcat, J. A. (2008). Plagio. En Revista Medicina, 68 (5), 387-389. Disponible en  http://www.medicinabuenosaires.com/revistas/vol68-08/5/v68_n5_p387_389.pdf
Girón Castro, S. Y. (2008a). Anotaciones sobre el plagio. Disponible en http://www.usergioarboleda. edu.co/libro%20plagio.pdf
Girón Castro, S. Y. (2008b). Creatividad: Plagio no detectado. Recuperado el 29 de enero, 2012 de http://www.usergioarboleda.edu.co/gramatica/reflexiones-plagio.htm
Historia del plagio (s/f). Disponible en http://www.elplagio.com/Plagio/ ENTRADA.htm
Núñez Molina, Mario (2008). Plagio Estudiantil en Línea. Recuperado el 30 de enero, 2012 de http://www.icesi.edu.co/blogs/plagio/2008/08/24/el-plagio-estudiantil-en-linea/
Origen de las palabras (2012). Etimología de Plagiar. Recuperado el 29 de enero, 2012 de http://etimologias.dechile.net/?plagiar
Real Academia Española (2012). Plagiar. Plagio. En Diccionario de la Lengua Española (22ª Ed.). Recuperado el 29 de enero, 2012 de  http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3 &LEMA=plagio
Santa Biblia. Versión Reina Valera, Revisión 1960 (RVR60).
Sifontes Greco, L. C. (2007). El plagio en el contexto de la honestidad académica: ¿problema académico o problema de honestidad? En Revista Informe de Investigaciones Educativas, 21, 117-123. Disponible en http://biblo.una.edu.ve/ojs/index.php/IIE/article/viewFile/549/530
Farlex Inc. (2012). Plagiar. En The Free Dictionary. Recuperado el 29 de enero, 2012 de http://es. thefreedictionary.com/plagiar
White, E. G de (1995). La Educación. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana.
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