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domingo, 4 de febrero de 2018

Dorcas: Mi talento, mi ministerio


Mi talento, mi ministerio
Una lección de la vida de Dorcas, la discípula amada[1]




Aunque pequeño, el puerto marítimo de Jope estaba bien fortificado y era muy importante y requerido desde muy antiguo.[2]  Sin embargo, la vida alegre en las calles de este puerto a orillas del Mediterráneo, continuamente se veía nublada por noticias de naufragios y muertes producidas por los fuertes vientos que afectaban sus costas. La tormenta que sufrieron el profeta Jonás y sus compañeros de viaje luego de zarpar de Jope nos refleja un poco aquella cruda realidad que era muy común para los habitantes de este famoso puerto (cf. Jonás 1: 4-6). Producto de aquellas inclemencias del tiempo, muchos marineros perdían la vida y esto resultaba en que muchas viudas y huérfanos podían verse de vez en cuando solicitando ayuda a los pocos pobladores que habitaban aquella ciudad-puerto. Se estima que en los tiempos del Antiguo Testamento, Jope, como otras ciudades y pueblos de Palestina, no superaban los dos mil o tres mil habitantes.[3]
La llegada del evangelio a las costas del Mediterráneo[4] y, en especial, a este puerto palestino, debió transformarse en una fuente de esperanza para sus habitantes, de manera especial para las desesperanzadas viudas y sus huérfanos. Vivir en un puerto inseguro producía en algunas familias miseria, pérdidas materiales e, incluso, irrecuperables pérdidas personales. Entre los habitantes de este puerto que fueron alcanzados por el evangelio de salvación se encontraba una mujer, una fabricante y tejedora de túnicas, vestidos y sobre-túnicas, una costurera que contaba con los suficientes recursos financieros que la empresa textil a la cual se dedicaba le proveía. Su casa estaba ubicada en algún lugar de privilegio en el centro de la ciudad, donde sobresalían las viviendas de dos pisos (como la que ella tenía) cuyas calzadas le dirigían directamente al centro portuario desde donde podía exportar sus creaciones a distintos puntos de la costa mediterránea. Sin lugar a dudas, sus tejidos eran lucidos por los personajes más destacados de la sociedad mediterránea de sus días. Esta mujer era de origen judío. Los textos arameos más antiguos le llaman Tabyetha, que traducido es Gacela, un nombre muy femenino para la época. Nosotros la conocemos como Tabita o, quizás mejor, como Dorcas.[5]

Dorcas, la discípula amada
El testimonio que el médico-misionero Lucas nos presenta en el libro de los Hechos de los Apóstoles nos informa que Dorcas era reconocida en la comunidad de la iglesia del puerto como “discípula” (mathetria, Hechos 9: 36). De hecho, esta es la única vez que se le llama discípula a una mujer en todo el Nuevo Testamento. No sabemos si estaba casada o no. Tampoco conocemos la edad que tenía al momento en que su historia fue registrada por Lucas. Quizás por la fama que había alcanzado haya sido una persona de edad madura. Tal vez perdió a su esposo en una de las tantas tormentas en las costas de Jope. Fuere como fuere, esta digna “seguidora de Jesús” (Hechos 9: 36, TLA) muy rápidamente comprendió el aspecto práctico del cristianismo. Sus buenas obras y actos de bondad le habían conquistado el extenso afecto de su comunidad. Era gran amiga, auxiliadora y benefactora de los pobres. Quien quiera que le haya dado a conocer a Dorcas las enseñanzas de Jesús, seguramente le enseñó las palabras del Maestro cuando dijo:
         “Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien” (Marcos 14: 7, RVR60; cf. Mateo 26: 11; Juan 12: 8).
         “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… estuve desnudo, y me cubristeis” (Mateo 25: 35-36, RVR60).
Y cuando Tabita recorría las calles de Jope hasta el puerto a entregar sus prendas para ser embarcadas en el primer navío disponible, veía a los huérfanos y las viudas que las tempestades y las desventuras habían dejado y recordaba las palabras de Jesús:
         “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25: 40, RVR60).
Dorcas “sabía quiénes necesitaban ropa abrigadas y quiénes simpatía, y servía generosamente a los pobres y afligidos”.[6]Junto con hablarles a aquellas almas dolientes del Salvador resucitado, les proveía de abrigo y vestido con las costuras salidas de sus propias manos. También dejaba en sus manos algunas monedas para que compraran su sustento diario. Sin duda, Tabita no sólo abrigó la verdad del evangelio en su mente y corazón, sino que también en sus manos y sus acciones. Estas pequeñas señales de generosidad despertaron la admiración de parte de la iglesia y del pueblo. La inspiración afirma de ella: “Sus hábiles dedos estaban más ocupados que su lengua”.[7]
Dorcas se transformó en una discípula amada que cumplía lo que el apóstol Santiago enseñaría a la iglesia:
         “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1: 27, RVR60).
         “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?” (Santiago 2: 16, 17, RVR60; cf. 2: 5).
Como judía de nacimiento, Dorcas había aprendido también las palabras de las sagradas escrituras hebreas con las cuales se habían amonestado al pueblo:
         “A ninguna viuda ni huérfano afligiréis” (Éxodo 22: 22, RVR60).
         “No endureceréis tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente […] Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra” (Deuteronomio 15: 7, 8, 11, RVR60).
         “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo” (Proverbios 3: 27, RVR60).
         “Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (Isaías 1: 17, RVR60; cf. Salmos 82: 3; Proverbios 14: 21).
         “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” (Isaías 58: 6, 7, RVR60).
Aún más, debían resonar en la mente de Dorcas las palabras del sabio que describe las cualidades de la mujer virtuosa cuando indica que ella:
         “Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso” (Proverbios 31: 20, RVR60).
Dorcas era reconocida en la iglesia de Jope como una creyente que “siempre hacía muchas buenas obras y ayudaba mucho a la gente pobre” (Hechos 9: 36, RVC) con “las limosnas que hacía” (Hechos 9: 36, RVR60). Dorcas aprendió a hacer de su talento de fabricar indumentaria y de sus habilidades con los textiles un ministerio de servicio entre los miembros de su iglesia y entre los habitantes de su pueblo.
La enfermedad y posterior muerte de Dorcas fue muy sentida en la iglesia y el puerto. En su comentario sobre este fatídico momento, el espíritu de profecía nos indica: “A juzgar por la vida de servicio que Dorcas había vivido, no era extraño que llorasen, y que sus cálidas lágrimas cayesen sobre el cuerpo inanimado”.[8] Los líderes enviaron a llamar al apóstol Pedro, que estaba en Lida, un poblado cercano a Jope, para que le sanara. Pedro al llegar a la casa de Dorcas, seguramente quedó deslumbrado con la suntuosidad del lugar y prontamente subió al segundo piso de la vivienda, al aposento donde el cuerpo de Tabita había sido puesto.[9] En ese lugar, las viudas exhibieron a Pedro y a quienes le acompañaban las túnicas, vestidos, mantos y demás prendas de vestir salidos de las manos y los talleres de Dorcas los cuales les había provisto para suplir sus necesidades (cf. Hechos 9: 39).
“Dorcas había prestado grandes servicios a la iglesia, y a Dios le pareció bueno traerla de vuelta del país del enemigo, para que su habilidad y energía siguieran beneficiando a otros y también para que, por esta manifestación de su poder, la causa de Cristo fuese fortalecida”.[10]

Mi talento, mi ministerio
De esta triste, pero aleccionadora experiencia de la naciente iglesia, podemos hoy obtener valiosas enseñanzas. La primera lección que aprendemos del relato bíblico de la vida, muerte y resurrección de Dorcas es que Dios llama a hombres y a mujeres para ser sus discípulos y discípulas. No debemos conformarnos con ser alguien más en las listas de la iglesia, sino que verdaderos seguidores del Gran Maestro Jesús. En su evangelio, el amado médico Lucas también nos informa de otras mujeres que seguían a Jesús y que, tal como Dorcas, le servían a él y a sus discípulos “con sus propios recursos” (cf. Lucas 8: 1-3, RVC). Al respecto, el espíritu de profecía afirma:
Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero”.[11]
“Una persona verdaderamente convertida no puede vivir una vida inútil y estéril”.[12]
Una segunda lección que desprendemos de la vida de Dorcas es que el evangelio no sólo alcanza a los pobres, sino también a los que ocupan un lugar de privilegio en la sociedad donde se desenvuelven. Dorcas es un ejemplo vívido de esta realidad. En seguida del relato de Dorcas, Lucas nos cuenta del encuentro de Pedro con un centurión en Cesarea quien, al igual que Dorcas, era un hombre perteneciente a la clase social alta de su tiempo y que colaboraba con la causa del evangelio con sus “limosnas” (cf. Hechos 9: 36, RVR60).
En tercer lugar, Dorcas nos motiva a utilizar el método de Cristo en nuestro intento de llevar a la gente a los pies de la cruz. En su paso por las callejuelas de Jope y en su trato desinteresado con los necesitados, Dorcas se empeñaba en ser con los demás como Aquel que le había salvado. “Sólo el método de Cristo será el que dará éxito para llegar a la gente. El Salvador trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les mostraba simpatía, atendía sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les decía: Seguidme”.[13]
Finalmente, la experiencia de amor y entrega de Dorcas nos enseña que todos y todas en la iglesia hemos sido dotados por parte de Dios de dones, diversas cualidades, habilidades, capacidades, talentos, etc., que deben ser puestos a su servicio. Los talentos otorgados por nuestro Señor deben transformarse en ministerios activos a favor de la iglesia y la comunidad.
Entre los distintos talentos y ministerios que podemos desarrollar en la iglesia podemos mencionar:
1.           Conocimiento: Capacidad de estudiar y comprender la Biblia y los planes de Dios.
·                     Colaborar en las clases de Escuela Sabática (niños, jóvenes y/o adultos).
·                     Colaborar en las clases bíblicas pre y pos-bautismales para niños, jóvenes y/o adultos.
·                     Colaborar en las clases de discipulado (niños, jóvenes y/o adultos).
2.           Enseñanza: Capacidad de enseñar sobre la Biblia a los miembros de la iglesia para que la comprendan mejor, promoviendo el crecimiento espiritual.
·                     Contar historias bíblicas o misioneras en la iglesia, campamentos, retiros espirituales, etc.
·                     Exponer los temas en las clases bíblicas pre y pos-bautismales.
·                     Exponer los temas en los Grupos Pequeños.
·                     Exponer temas en los distintos proyectos de la iglesia: ferias de salud, seminarios de familia, seminarios bíblicos, escuelas cristianas de vacaciones, vigilias, etc.
3.           Evangelismo: Capacidad de hablar sobre Jesús a quienes no lo conocen y conducirles a aceptarlo como Salvador personal.
·                     Formar parte de una pareja misionera.
·                     Formar parte de un Grupo Pequeño.
·                     Participar de los Proyectos Caleb.
·                     Participar en las Escuelas Cristianas de Vacaciones.
·                     Participar e invitar amigos para los programas de evangelismo de la iglesia: Semana Santa, Semanas de Oración, Semanas de Énfasis Espiritual, Campañas de Evangelismo.
4.           Hospitalidad: Capacidad de acoger al desamparado o necesitado, haciendo que cada persona se sienta cómoda y apreciada.
·                     Ofrecer la casa (o dependencia) para realizar Grupos Pequeños.
·                     Ofrecer la casa (o dependencia) para hospedar a amigos, familiares y/o miembros de la iglesia.
·                     Formar parte del equipo de recepción de la iglesia o de su Grupo Pequeño.
·                     Participar de las campañas de recolección y/o entrega de dinero, alimentos, ropas, juguetes, etc.
5.           Oración / Intercesión: Capacidad de dedicar gran parte del tiempo a la oración por las necesidades de los demás.
·                     Dedicar tiempo específico del día para orar por los líderes, hermanos y hermanas de iglesia, por los interesados, por familiares y vecinos, etc.
·                     Dedicar tiempo específico del día para orar por los proyectos y/o programas de la iglesia a nivel local y global.
·                     Formar, participar y/o colaborar en los Grupos de Oración de la iglesia.
·                     Participar del Proyecto “Compañero de Oración” o alguno semejante.
6.           Liberalidad: Capacidad para ofrendar y entregar donativos con alegría y regularidad a fin de suplir las necesidades de la iglesia.
·                     Ofrendar una cantidad regular para los proyectos de la iglesia.
·                     Formar, participar y/o colaborar en los proyectos sociales de la iglesia y de la comunidad.
·                     Donar con regularidad dinero, alimentos, ropas, etc., a familias necesitadas de la iglesia y de la comunidad.
·                     Donar dinero y/o materiales para los proyectos de construcción y/o infraestructura de la iglesia.
·                     Donar dinero y/o materiales para los proyectos de evangelismo de iglesia.
7.           Liderazgo / Administración: Capacidad de liderar a personas en proyectos y/o programas de la iglesia o de la comunidad.
·                     Liderar Grupos Pequeños y/o otros grupos de estudio de la Biblia.
·                     Liderar y/o colaborar en la organización de los distintos programas y/o proyectos de la iglesia.
·                     Liderar y/o colaborar en las actividades de los distintos Departamentos de la iglesia.
8.           Misionero: Capacidad de llevar el mensaje de salvación a personas, lugares y circunstancias diferentes.
·                     Distribuir regularmente en su comunidad Biblias, folletos, revistas y/o libros misioneros.
·                     Visitar en sus casas a amigos y/o conocidos interesados o alejados.
·                     Visitar  cárceles, hospitales, asilos, hogares de niños, etc., para llevar un mensaje de esperanza a otros.
·                     Estudiar la Biblia con amigos o interesados en sus casas.
·                     Compartir el evangelio a través de la música, las publicaciones, la salud, la educación, etc.
9.           Predicación: Capacidad de transmitir el mensaje de la Biblia de una manera clara que lleve a decisiones.
·                     Formar parte del equipo de predicadores de la iglesia o grupo.
·                     Predicar en los distintos cultos de la iglesia.
·                     Predicar en los distintos proyectos y/o programas de evangelismo de la iglesia.

Nuestro talento debe ser también nuestro ministerio. Dorcas lo sabía muy bien.

Bibliografía (citada y consultada)
Douglas, J. D. (Ed.). Nuevo Diccionario Bíblico. Colorado Springs, Colorado: Ediciones Certeza, 1997.
Edersheim, Alfred. Usos y costumbres de los judíos en los tiempos de Cristo. Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 1990.
Horn, Siegfried H. Diccionario Bíblico Adventista del Séptimo Día. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995.
Nichol, Francis D. (Red.). Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día. 7 volúmenes. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1992.
Vine, W. E. Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento. 4 volúmenes. Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 1984.
White, Elena G. de. El Deseado de todas las gentes. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014.
White, Elena G. de. El ministerio de curación. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014.
White, Elena G. de. Los Hechos de los Apóstoles. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014.
White, Elena G. de. Palabras de vida del Gran Maestro. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014.
White, Elena G. de. Testimonios para la Iglesia, tomo 5. Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2008.
Wight, Fred H. Usos y costumbres de las tierras bíblicas. Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 1997.

[1] Víctor A. Jofré Araya (2017), Mg. Ed. Religiosa, Director del Colegio Adventista de Calama.
[2] Jope fue el principal y único puerto natural de Israel y una de las áreas portuarias más activas en el mundo de los tiempos bíblicos. El nombre Jope aparece por primera vez mencionado en textos cuneiformes de Ebla del período prepatriarcal, y aparece en las Cartas de Amarna, en una lista de ciudades que Tutmosis III, faraón de Egipto, capturó en el s. XV a.C. Estrabón, historiador griego del s. I d.C., es el primero que asocia a Jope con la leyenda de Andrómeda atada a una roca.
Como era el único puerto entre Egipto y el cordón del Carmelo, era de gran importancia para el interior de Palestina. Ya muy temprano, Jope estaba en el límite del territorio de Dan, aunque no se puede precisar si formaba parte de él (Josué 19: 40, 41, 46). Sin embargo, en Jueces 5: 17 se relaciona a Dan con naves, lo que puede indicar que los danitas en realidad controlaban este puerto marítimo. Estaba a unos 55 km al noroeste de Jerusalén. Los cedros del Líbano que se usaron en la construcción del templo de Salomón (2 Crónicas 2: 16) y en su reconstrucción por Zorobabel (Esdras 3: 7) entraron a Palestina por este puerto del Mediterráneo. Jope fue puesta bajo control judío por primera vez por los macabeos, comandados por Simón, cuando un grupo de judíos se establecieron en la ciudad, ampliaron su puerto y reforzaron sus fortificaciones (cf. 1 Macabeos 10: 74, 75; 12: 33, 34; 13: 11; 14: 5, 34).
Jaffa, como se conoce a Jope actualmente, está ubicada aproximadamente a 48 km al sur de Cesarea. La población actual de Jaffa es de cerca de 60.000 personas. La mayoría de la población de Jaffa es judía (principalmente de otros países del Medio Oriente y del Norte de África). También tiene una gran cantidad de árabes cristianos y musulmanes.
[3] Alfred, Edersheim, Usos y costumbres de los judíos en los tiempos de Cristo, Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 1990, p. 107, 108.
[4] De acuerdo a Hechos 8: 40, fue el apóstol Felipe quién predicó el evangelio en la costa de Palestina desde Azoto “en todas la ciudades, hasta que llegó a Cesarea”, lo cual seguramente incluyó a Jope (donde vivía Dorcas), Lida (donde se encontraba predicando el apóstol Pedro, cf. Hechos 9: 32-35, 38), Sarón y otras ciudades de la costa mediterránea.
[5] Tabyetha, en arameo, y Dorkas, en griego, son el nombre del antílope hembra o gacela.
[6] Elena G. de White, Los Hechos de los Apóstoles, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014, p. 108.
[7] Elena G. de White, Los Hechos de los Apóstoles, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014, p. 108.
[8] Elena G. de White, Los Hechos de los Apóstoles, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014, p. 108.
[9] La palabra usada para referirse a la “sala” (Hechos 9: 37, 39, RVR60 y RVC) en la que Dorcas fue puesta al morir, significa más bien “un cuarto del piso superior de la casa” (TLA), “un cuarto de la planta alta” (NVI, NTV) o “un cuarto del piso alto” (DHH), una estancia alta, sala elevada o “aposento alto” (cf. Hechos 1: 3; 20: 8). Lo señalado da a entender que Dorcas era de una clase social acomodada que le proveía de recursos para tener una vivienda con aposentos en un segundo piso suficientemente amplios como para recibir a todas las personas que estuvieron con ella en su lecho, lo cual no era común entre la gente humilde que, por lo general, tenía casas de un solo cuarto.
[10] Elena G. de White, Los Hechos de los Apóstoles, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014, p. 109.
[11] Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014, p. 162.
[12] Elena G. de White, Palabras de vida del Gran Maestro, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014, p. 223.
[13] Elena G. de White, El ministerio de curación, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014, p. 102.

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