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domingo, 9 de noviembre de 2014

El joven adventista y su vestimenta

Retiro Espiritual para Jóvenes Adventistas
“Escogidos para vencer”
Distrito Arica Norte
Valle de Azapa (Km. 29) – 8 de noviembre de 2014

El joven adventista y su vestimenta[1]




1. Principios guiadores en el vestir
“Vi que la apariencia exterior es un índice de lo que hay en el corazón”.[2]
“El vestido y su arreglo en la persona son generalmente el índice de lo que es el hombre o la mujer”.[3]
“Juzgamos el carácter de una persona por el estilo del vestido que lleva”.[4]
“Sigan las costumbres en el vestido mientras estén de acuerdo con los principios de salud. Vístanse nuestras hermanas sencillamente, como muchas lo hacen, que el vestido sea de material bueno y durable, apropiado para esta edad y que la cuestión del vestido no llene la mente. Nuestras hermanas debieran vestirse con sencillez. Debieran vestirse con una ropa modesta, con pudor y sobriedad…
“Si el mundo introduce una moda recatada, conveniente y saludable, que esté de acuerdo con la Biblia, no cambiará nuestra relación con Dios o con el mundo el adoptar tal estilo de vestido. Los cristianos debieran seguir a Cristo y hacer sus vestidos conforme a la Palabra de Dios. Debieran evitar los extremos”.[5]
“No ocupéis vuestro tiempo esforzándoos por seguir todas las necias modas del vestido. Vestíos pulcra y atractivamente, pero no os convirtáis en el objeto de observaciones ya sea por estar demasiado ataviados o por vestiros de una forma descuidada y desaseada. Proceded como si supierais que el ojo del cielo está sobre vosotros y que vivís bajo la aprobación o desaprobación de Dios”.[6]
2. Instrucciones bíblicas
1 Corintios 10: 31: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”.
“En el vestido, lo mismo que en todas las demás cosas, tenemos el privilegio de honrar a nuestro Creador. El no sólo desea que nuestro vestido sea limpio y saludable, sino apropiado y decoroso”.[7]
1 Timoteo 2: 9, 10: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”.
“Dios pide a los jóvenes que se priven de ornamentos y artículos de vestimenta innecesarios, aún cuando cuesten muy poco”.[8]
1 Pedro 3:3-5: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro, o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres”.
“La extravagancia en el vestir aumenta constantemente. Y no se ha llegado aún al fin. La moda cambia a cada momento y nuestras hermanas la siguen, sin reparar en el gasto de tiempo y dinero”.[9]
Mateo 6: 28, 29: “Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos”.
 “La abnegación en el vestir es parte de nuestro deber cristiano. El vestir sencillamente y abstenerse de ostentar joyas y adornos de toda clase está de acuerdo con nuestra fe”.[10]
Números 15: 38-40: Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra… y seáis santos a vuestro Dios”.
“En este pasaje Dios expresamente ordenó un arreglo sencillo de vestir para los hijos de Israel a fin de distinguirlos de las naciones idólatras que los rodeaban”.[11]
“En el servicio del tabernáculo, Dios explicó todo detalle concerniente a las vestiduras de los que ministraban delante de él. Esto nos enseña que él tiene una preferencia con respecto a la indumentaria de los que le sirven. Fueron muy específicas las instrucciones dadas acerca de las vestiduras de Aarón, porque eran simbólicas. Así la indumentaria de los que siguen a Cristo, debe ser simbólica. En todas las cosas hemos de ser representantes de él”.[12]
3. La influencia de la moda en el vestido
“Vi que algunos profesos observadores del sábado pasaban horas que eran más que perdidas estudiando esta o aquella moda para adornar su pobre cuerpo mortal”.[13]
“Los primeros y principales pensamientos de la gran mayoría, especialmente de las mujeres, se dedican a la ostentación. El amor a la indumentaria y los placeres está destruyendo la felicidad de millares. Y algunos de los que profesan amar y guardar los mandamientos de Dios imitan a esa clase de personas”.[14]
“El amor al vestido hace peligrar la moralidad… Los vestidos llamativos y extravagantes con frecuencia estimulan la concupiscencia en el corazón de quienes los usan y despiertan pasiones bajas en las mentes de quienes los contemplan. Dios ve que la ruina del carácter con frecuencia está precedida por la complacencia del egoísmo y la vanidad en el vestir”.[15]
“Se me llamó la atención al antiguo pueblo de Dios y se me dijo que comparara su vestimenta con la moda imperante en estos últimos días… En estos últimos días las modas son vergonzosas e inmodestas”.[16]
“Muchos se visten como el mundo… Sus palabras, su indumentaria y sus acciones deben hablar en favor de Dios. Entonces ejercerán una influencia santa sobre todos los que los rodeen, y aun los incrédulos conocerán que han estado con Jesús. Si alguno quiere que su influencia se ejerza en favor de la verdad, viva de acuerdo con lo que profesa e imite así al humilde Modelo”.[17]
4. La vestimenta en el sábado
“Se me ha mostrado especialmente que los que profesan presentar la verdad debieran tener cuidado especial en presentarse delante de Dios el sábado de una manera que revelara su respeto hacia el Creador que ha santificado y colocado honor especial en aquel día”.[18]
“Muchos necesitan instrucción en cuanto a cómo deben presentarse en la asamblea para adorar en sábado. No han de entrar en la presencia de Dios con las ropas que llevan comúnmente durante la semana. Todos deben tener un traje especial para el sábado, para llevarlo cuando asisten al culto en la casa de Dios. Aunque no debemos conformarnos a las modas mundanales, no debemos ser indiferentes acerca de nuestra apariencia exterior. Debemos ser aseados y estar bien arreglados, aunque sin adornos. Los hijos de Dios deben ser limpios en su interior y exterior”.[19]
5. Lo que realmente debería preocuparnos
“Para proteger al pueblo de la influencia corruptora del mundo, así como para promover la salud física y moral, se introdujo la reforma en el vestido… Distinguiría al pueblo de Dios del resto del mundo y así serviría como barrera contra sus modas y futilidades”.[20]
“Algunos tratan la reforma de la vestimenta con gran indiferencia y otros con desprecio… [Esta reforma] es justamente lo que necesitamos para distinguir y separar del mundo al pueblo de Dios que observa los mandamientos. La reforma de la vestimenta armoniza con nosotros así como lo hacía la cinta azul con el antiguo Israel”.[21]
“Si cambia el corazón carnal… todo el amor al vestido y a las apariencias habrá desaparecido. El tiempo que pasáis delante del espejo, arreglando vuestro cabello para que agrade al ojo, será dedicado a la oración y al escudriñamiento del corazón. En el corazón santificado no habrá cabida para el atavío exterior, sino una búsqueda ferviente y ansiosa del adorno interior”.[22]




[1] Compilación de Testimonios del espíritu de profecía acerca de la indumentaria cristiana realizada por Víctor Jofré Araya (2014), Magíster © en Educación Religiosa. Actualmente se desempeña como Inspector General del Colegio Adventista de Arica.
[2] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 129.
[3] Review and Herald, 30 de enero de 1900; Conducción del Niño, p. 388.
[4] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 636.
[5] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 458, 459.
[6] Manuscrito 53, 1912.
[7] La Educación, p. 242.
[8] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 502.
[9] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 623.
[10] Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 404.
[11] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 459.
[12] Testimonios para la Iglesia, tomo 6, p. 96.
[13] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 127.
[14] Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 404.
[15] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, pp. 637, 638.
[16] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 249.
[17] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 174.
[18] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 249.
[19] Joyas de los Testimonios, tomo 3, p. 21.
[20] Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 627.
[21] Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 191.
[22] Testimonios para la Iglesia, tomo 1, p. 152.
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