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viernes, 28 de septiembre de 2012

Educación y evangelización: una misma misión


Educación y evangelización: una misma misión
Víctor A. Jofré Araya, Magíster © en Educación Religiosa
Colegio Adventista de Arica (septiembre 2012)
victorja@gmail.com

“El Señor mismo instruirá a todos tus hijos, y grande será su bienestar” (Isaías 54: 13, NVI)

Corría 1894 y en una polvorienta callejuela del poblado de Solusi, en el corazón de Zimbabwe, W. H. Anderson y su joven esposa, oyendo el clamor de los nativos de establecerse en ese lugar como maestros de escuela, se preparaban para iniciar las clases de lectura y escritura a un grupo de estudiantes. Eran las primeras lecciones en la primera escuela adventista en el África y su propósito, aparte de entregar conocimientos y herramientas para surgir en la vida, era la de enseñar el evangelio, las buenas nuevas de la salvación. Luego surgieron nuevos centros misioneros en donde enseñaban los nativos educados en Solusi. Realizaban hasta tres clases diarias en tres diferentes aldeas. De este modo la obra del evangelio se expandía en todas direcciones. Uno de aquellos centros fue Rusangu, fundado por Anderson en 1904. Actualmente la escuelita de Solusi se ha transformado en la Solusi University y en Rusangu existe la Escuela Misionera Rusangu. “El fundar escuelas donde los estudiantes pudiesen aprender el evangelio llegó a ser el método de evangelización en África […] Mientras que enseñaban el adventismo, también enseñaban a leer y escribir e inculcaban un sentido de valor y dignidad personal” (Greenleaf, 2010, pp. 175, 178).

En paralelo, en 1902, se iniciaba la obra adventista en China y el 25 de mayo de 1904, Ida Thompson, llegada desde los Estados Unidos, iniciaba las clases en Cantón para 25 niñas en una escuela fundada por ella a la cual llamó Bethel Girls´s School. Ese primer día de clases comenzó con una oración seguida de la enseñanza del himno ‘Jesús me ama’. La educación adventista en China se iniciaba y los métodos utilizados no fueron diferentes de los de África. Una vez más la obra de la evangelización iba de la mano de la obra de la educación. Thompson y su traductora, una maestra bautista, dependían de la Biblia como principal libro de texto. El sábado en la tarde se dedicaba por entero al estudio bíblico. Las estudiantes llegaron a familiarizarse tanto con las Escrituras que a fines de ese año habían memorizado el evangelio de Marcos por completo. “El propósito original de las instituciones educativas en la China era atraer a los estudiantes al adventismo… Las escuelas ofrecían la primera oportunidad efectiva para que los adventistas llegaran a las masas y la educación se convirtió en el principal método de evangelización en China” (Greenleaf, 2010, pp. 181, 182).

Hoy, más de cien años después, la historia se repite. Gideon y Pam Petersen, reunidos bajo un árbol de mopane, enseñan a leer, escribir y contar a un grupo de niños y niñas nativos de una aldea himba en Namibia, al suroeste de África. Las hermosas historias de la Biblia traducidas por los Petersen en el idioma herero de los himba son para estos alumnos los únicos textos a los cuales tienen acceso (Misión Niños, 2012, pp. 19, 20). Todavía, en pleno siglo XXI, la obra educativa abre las puertas y los corazones para la siembra del evangelio.

Educación y evangelización hoy
Lo acontecido en África y China, tanto en el pasado como en el presente, no difiere mucho de lo que ocurre en las demás escuelas del mundo. La obra educativa adventista, junto con servir de refugio en donde podemos salvaguardar la vida espiritual de nuestros hijos y alejarlos de las perniciosas influencias del mundo moderno y de esa manera motivarles y ayudarles a transformarse en misioneros que vayan al mundo a difundir la verdad presente, se ha convertido en un medio eficaz para llegar al corazón de muchos niños, jóvenes y padres con la luz del evangelio de salvación. Así, mientras se les entrega las herramientas para ser mejores ciudadanos en el mundo de hoy y ser un aporte en la sociedad que les necesita en forma desesperada, se les prepara para la patria futura, para el gozo de un servicio superior en las mansiones celestiales del mundo venidero (cf. White, 2010, p. 13).

En este respecto, la educación adventista nos provee de ciertos elementos que apoyan la obra de evangelización a través de las instituciones educativas en todo el mundo. Ellas son:

1.    Políticas educativas públicas favorables. En la mayoría de los Estados en los cuales nuestras instituciones educativas están presentes se cuenta con políticas públicas que favorecen la enseñanza de los valores y principios bíblico-cristianos. La promoción y defensa de las libertades civiles, principalmente de la libertad religiosa, de culto o de conciencia, se ha transformado en un aliciente para la difusión de las verdades bíblicas en nuestros salones de clases. Sin mayor problema en todos los lugares donde nuestra obra educativa marca presencia se habla de nuestro gran Dios Creador, de nuestro Salvador Jesucristo, de nuestro Consolador el Espíritu Santo, de la veracidad de la Biblia como Palabra de Dios y sus sagradas enseñanzas.

2.    Infraestructura adecuada. Con los años, los edificios que son propiedad de la obra educativa adventista se han puesto a la vanguardia respecto a lo que los Estados exigen de las instituciones educativas. Esto provee de espacios amplios, seguros y aptos, no sólo para la enseñanza de las ciencias de este mundo, sino también para la enseñanza de la ciencia de la redención, la predicación del evangelio de Cristo. La mayoría de nuestras instituciones escolares poseen un edificio exclusivo para las actividades devocionales y espirituales (salones, capillas o templos) y esto le da un valor adicional a todo lo que se realiza en su interior a favor de la siembra del evangelio y del crecimiento espiritual de muchos alumnos y alumnas. Dicho de otro modo, nuestras escuelas disponen de un entorno que propicia y favorece de manera adecuada la predicación de la Palabra de Dios. Somos iglesias disfrazadas de escuelas.

3.    Un público cautivo. Cada día entran, caminan y salen por nuestras aulas y pasillos miles de niños y niñas, jóvenes y señoritas, madres, padres y tutores, que de ninguna manera pueden quedar inmunes a la influencia del evangelio predicado en nuestras instituciones. Con un plan de desarrollo espiritual y de evangelismo bien estructurado, como aquellos que nuestras escuelas poseen, ninguno de los que pasan por ellas puede hacer oídos sordos a las verdades bíblicas. Aún los hijos de padres adventistas hallan en nuestras escuelas instancias en las que pueden descubrir nuevas verdades espirituales y desarrollar en forma más plena sus talentos, capacidades y potencialidades. Y lo mejor de todo es que no necesitamos salir a buscar a quien predicarle o hablarle del amor y la misericordia del Señor. Ellos llegan a nosotros. Es un público cautivo que nos buscan, eligen y privilegian. De esta manera, la obra educativa se torna en la excusa perfecta para sembrar la semilla de la verdad.

4.    Personal docente y misionero calificado. Un muy alto porcentaje de los miembros del personal docente y no docente de nuestras instituciones educativas son miembros de la iglesia adventista con un elevado sentido de misión y compromiso con la obra evangélica. Hombres y mujeres fieles al llamado del Señor de ir, predicar, enseñar, hacer discípulos y bautizar. Pastores, capellanes, profesores misioneros (con y sin licencia y/o credencial misionera) y miembros del personal no docente forman parte de un equipo evangelístico de primera línea dispuestos a llevar adelante la sagrada misión de predicar la verdad presente y ser parte del triple mensaje angélico de Apocalipsis 14: 6-13. Aquí se hace eco de las palabras del profeta Daniel al afirmar que “los que instruyen a las multitudes en el camino de la justicia brillarán como las estrellas por toda la eternidad” (Daniel 12: 3, NVI).

5.    Curriculum que integra la fe y la enseñanza. Jesús afirmó que “serán todos enseñados por Dios” (Juan 6: 45, RVR60). En todas las instituciones educativas adventistas alrededor del mundo en los niveles primarios, medios y superiores el curriculum integra la enseñanza formal de los contenidos exigidos por las diversas autoridades educativas de los Estados en los cuales nuestra obra educativa tiene presencia con las enseñanzas bíblico-cristocéntricas sobre el origen y destino del hombre y del universo, la condición humana, la obra pasada, presente y futura de Cristo a favor del mundo sufriente, las normas de conducta y hábitos de vida bajo las cuales un cristiano debe vivir, incluidos los Diez Mandamientos y la plena vigencia del sábado como día de reposo, y la gran esperanza futura para la humanidad, el pronto regreso en gloria de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia y sus claras enseñanzas son parte de los conocimientos con los cuales nuestros alumnos se empapan cada día. Momentos diarios de reflexión y jornadas de énfasis espiritual, entre otros, son actividades que complementan lo anterior.

Conclusión
Básicamente, nuestra historia denominacional está plasmada de una mezcla casi inseparable de la misión evangélica unida a nuestra misión educativa. Los ejemplos mencionados al inicio se multiplican en cada rincón en donde nuestra iglesia está presente. Por otro lado, varios factores como los indicados (y otros que el lector pueda reconocer en su propio contexto) favorecen la obra evangélica en nuestras instituciones educativas.

Es privilegio y responsabilidad de todos nosotros ser un aporte significativo en este respecto de tal manera que desde alguno de estos dos frentes importantes del trabajo eclesiástico, el evangélico o el educativo, podamos cumplir con el mandato de Cristo: “Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura” (Marcos 16: 15, NVI).

Referencias
Greenleaf, Floyd (2010). Historia de la educación adventista. Una visión global. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana.
Misión Niños (2012). Informe Misionero Mundial, 103 (3). Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana.
White, Elena G. de (2010). La Educación. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana.
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